El trajinado tema del precio del gas natural (GN), que se va por su quinto año de disputa en el sector de generación de electricidad, ha dado origen a algunas afirmaciones que sorprenden.

Una de las que más me ha llamado la atención es lo que llaman eficiencia, dándole una connotación económica, que mediante galimatías pretenden calzarla con el concepto de operación al mínimo costo, que la legislación del sector preconiza de manera reiterativa hace más de 28 años.

Los gonfaloneros de este mensaje interesado arremeten diciendo que hay retiros del mercado de energía barata para ofrecerla a los clientes a bajísimo costo y entonces todos ganan. Redondean su monserga afirmando que es una muestra que el mercado funciona.

Es muy diferente que “suene a verdad a que sea verdad”. La legislación de hace 16 años, hecha en otro contexto, no válido en la actualidad, permite mentir sobre el verdadero costo del GN. Son los operadores los que declaran su costo variable combustible y no combustible, que en conjunto se llama costo variable total, que se convierte en el costo marginal del mercado de corto plazo.

Mienten en el precio de la molécula y hay sobrecontrataciones a monto fijo en el transporte, alterando el costo variable total. A la vez, coincidentemente, tres empresas que manejan el 61% de la capacidad efectiva de las termoeléctricas a GN, usan la misma política y fijan el costo marginal. Logran que este se deprima y las hidroeléctricas, principalmente de propiedad estatal, se ven obligadas a vender al precio vil que marcan.

La operación comercial que hizo la troika empresarial en los últimos 4 años, ha consistido en comprar a un precio medio de 9.67 dólares por megavatiohora (US$/MWH) y vender a los clientes entre 20 y 45 US$/MWH. Mientras que la señal del mercado, que es el precio que se ha fijado en competencia -troika incluida- para contratos a 20 años y que permite a las empresas rentabilizar su inversión, está en 54.12 US$/MWH.

Lo descrito por ningún lado puede ser una señal que el mercado funciona, y que son eficientes; saben que sus competidores no lo pueden hacer, porque si decidiesen arriesgar podrán manejar el costo marginal para subirlo de precio. En resumen, es la mendacidad convertida en virtud.