La información disponible al momento de escribir esta columna es el conteo rápido al 100% realizado por la encuestadora Ipsos, que coloca a Keiko Fujimori con 2% por encima de Rafael López Aliaga, cifra que sería definitoria si no hay errores en la muestra tomada para la evaluación. Según el organismo electoral, ONPE, que anda a paso de tortuga en el conteo, aún la disputa por el segundo lugar es de a tres, los dos mencionados y Hernando de Soto. Donde no queda dudas es que Pedro Castillo va a la segunda vuelta; hombre de izquierda dura y estatista por definición.

En el “ballotage”, independientemente de quién compita con Castillo, no bastará la perorata de atraer inversiones, que siendo una realidad su necesidad, no conmueve a un porcentaje significativo de electores, que en este caso han sido cerca de 2.8 millones de electores, que votaron por el cajamarquino. No se puede subestimar al adversario que representa el descontento de los desposeídos, de los que vieron con impotencia que el Estado no podía hacer nada por sus familiares que murieron por la falta de atención en la pandemia del covid-19, ni por el desempleo de cerca de 2.4 millones de personas pertenecientes a la población económicamente activa.
En el nuevo proceso, el discurso tiene que tener una propuesta real de solucionar progresivamente todas las carencias y que responda al equilibrio financiero del Estado. No tendrán cabida las mentiras, la luna de miel del nuevo gobierno será cortísima.

Habrá avidez para escuchar propuestas para la aplicación de vacunas en plazo perentorio, de mejorar la atención hospitalaria, de crear empleo, de disponer de agua potable y alcantarillado, de contar con el servicio de electricidad en zonas rurales, de mejorar la pensión de los jubilados del sistema privado y estatal, y de incrementar la calidad educativa en colegios y universidades nacionales; entre otros.

La soberbia de hablar con el lenguaje de miembro de directorio de empresa, de analista bursátil de la minúscula Bolsa de Valores de Lima o de los papeles peruanos en Wall Street, no servirá. Habrá que dirigirse en lenguaje sencillo sin perder rigurosidad, proponiendo soluciones creíbles a los problemas de la vida cotidiana del ciudadano de a pie.