Hay la mentira compulsiva, que es patológica y hay la del astuto que va por la vida tratando de sacar ventaja o esconder sus faltas. La patología tiene un contenido moral relativo con relación al taimado que trata de ganar a nuestra costa mintiendo. Este no es un inimputable aunque haya banalizado la mentira. El problema de banalizarla es que se puede dudar en retrospectiva de todo lo que dijo, pues se asume que ha perdido la brújula y todo lo dicho queda en entredicho…hasta que es cierto.

La mentira habitual empareja con el cinismo. En la escena de una vieja película, el personaje es hallado por su esposa con otra mujer en el lecho, pero pese a la evidencia, niega: “No hay otra mujer aquí, no veo a otra mujer”. El individuo mentiroso puede ser peligroso para su entorno; pero el político, el influencer o el periodista se juegan con algo más grande, ni qué decir de un gobernante. Decir que uno o más expresidentes son mitómanos es hacerles un favor porque lo grave no es lo que dicen sino lo que tratan de ocultar con sus palabras.

Miente también el que quiere salvar de un problema sabiendo de su propia inocencia, miente por culpa de los otros, que lo juzgarán y sancionarán. Esta mentira se parece a la de aquel que recibe un libro como obsequio, pero ya lo tiene y agradece con entusiasmo, hay algo de piedad. No miente el que realmente cree en lo que dice, aun cuando sea falso. Quien opina no miente, asume con sinceridad, cree o descree con todo derecho, odia o ama. Ni el odio sin daño ni el amor sin consecuencias son materia de juicio.

A veces ocurre que un periodista defiende sin base de data previa a un político (como algunos feisbukeros defendieron a Vizcarra, diciendo que estaba entre los voluntarios a la vacuna) A un simpatizante ciego del personaje se le puede perdonar la pasión y hasta la terquedad, pero ¿a un periodista? ¿No es que los periodistas se deben al rigor del dato antes de soltarla? ¿Decir que aquel fue voluntario cuando aún no salía la información de que no lo fue? Ya se comprobó que no era voluntario de la prueba sino que, aprovechando su posición, se puso delante para lograr la “inmunidad” antes que todos, “inmunidad”, sí, palabra querida, pero palabreja que empieza a ser odiosa por otros motivos.