El vacado Vizcarra ha dejado un país en escombros, tras largos meses de dolor, sufrimiento, muerte y desbocada corrupción. Ahora, como si fuese un personaje ejemplar y de valía tiene la insolencia de postularse al Congreso. Su incapacidad y la de su equipo para abordar la pandemia y los desafíos económicos que esta trajo pareció, más bien, un macabro plan preconcebido contra la integridad y el futuro de los peruanos. La insensibilidad y el culto a la mentira de Vizcarra y los suyos resultó en miles de fallecimientos evitables si se hubiese contado con los hospitales que prometió, las plantas de oxígeno que cualquiera con dos dedos de frente sabía se necesitaría desde el primer brote del virus chino en el país y un protocolo apropiado para el tratamiento de los pacientes con covid-19. La segunda ola ya empezó a formarse y muchos más compatriotas morirán por las patrañas de quien no gestionó la compra de las vacunas contra el coronavirus y porque su inutilísima ministra de Salud Pilar Mazzetti integra el gabinete del régimen rojicaviar de Francisco Sagasti.

Las mentiras de Vizcarra por sus efectos bien podrían considerarse crímenes de lesa humanidad. Aún en medio de la fatalidad su lengua tomó falsa dirección e hizo creer que la compra de vacunas estaba en marcha; pese a los millonarios desembolsos, sin supervisión, no estamos siquiera en lista de espera y tiene la ostra de culpar al Congreso con el embuste de que cuando estaba por cerrar contratos con algunos laboratorios, justo en ese milésimo de segundo, le vacaron. Olvida el mendaz que con bombos y platillos la agencia estatal Andina publicó el 17 de setiembre que el Gobierno, el de Vizcarra, “firmó un acuerdo con Pfizer y BioNTech para suministrar 9.9 millones de dosis”. Lo cierto es que no hay vacunas ni se sabe dónde está la plata, como mencionó el político Daniel Abugattás en reciente programa de Milagros Leiva. Sagasti dice que solo encontró dos acuerdos preliminares con Pfizer y Covax Facility. Esperemos que el señor de los pañuelos pase de acusete a solucionar el problema y que fiscalía investigue ya, las múltiples acusaciones por corrupción del vacado.

Decía el filósofo, escritor y moralista francés del Renacimiento Michel de Montaigne que “Es a la verdad la mentira un vicio maldito. No somos hombres ni estamos ligados los unos a los otros más que por la palabra”. Vizcarra no tiene palabra, es tóxico, tiene sentimientos de superioridad, grandeza e infalibilidad y nos ha dañado a todos. El hombre se cree con derecho a lo que no ha ganado ni merece; desprecia la verdad e incapaz de manejar el fracaso. Los psicólogos califican a este tipo de personas como ‘narcisistas malignos’. Enfermos infecto-amoral-contagiosos, como esos, no merecen un solo voto de los peruanos decentes.