Es evidente que el presidente Martín Vizcarra no sólo es mentiroso. Además es cínico. Término que según la RAE es “Desvergüenza en el mentir y/o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables”. Desafortunadamente, lo de la mentira es el algo que el país ha tomado como modelo. ¡Si viene desde la mayor jerarquía –en rango de autoridad– la gente asimila que es un vicio que todos pueden practicarlo normalmente! Y si además es cínico, pues seguirá mintiendo “en defensa y práctica de sus acciones vituperables”. Tal vez sea esta la peor combinación para un país inculto, que imita lo malo con mucho mayor facilidad que lo bueno. Este es el costo de tener a un mendaz atornillado a palacio de gobierno por las fuerzas fácticas que prefieren a un embustero en el poder que a un mandatario honrado que proscriba entre otras lacras la corrupción.

Repetimos, el hecho de que Vizcarra sea un falsario no merece mayor comentario. Es la realidad. Aunque aquel cinismo que empeña en ejercerlo llama todavía mucho más la atención. Hace un par de días, Vizcarra decía esto mientras “inauguraba” una planta de oxígeno en el abandonado Hospital de la Policía, planta dicho sea de paso donada por una institución bancaria; de manera que ni el Estado, ni el gobierno ni Vizcarra tenían vela en ese entierro: “No he escuchado los audios por salud mental. Me dicen que hay horas y horas de audios. Los del ministerio Público (donde manda su amiga, la Fiscal de la Nación) que escuchen las diez o quince horas de grabación. Nosotros debemos continuar trabajando”.

Vayamos por partes, señor Vizcarra. Primero, no es necesario que usted escuche los audios, porque usted participa en ellos. Usted integró una mafia palaciega que en esos días estuvo abocada a sacarle la vuelta a la ley, escondiendo pruebas de tráfico de influencia para mentirle al Congreso, engañar a la Fiscalía y traicionar a la sociedad, cuya salud mental usted la ha violentado. Su cinismo se torna en agravante de delitos como encubrimiento, falsedad genérica y organización criminal, que usted cometiera en palacio buscando salvar su pellejo del juicio que le aguarda. Y aquello de “nosotros debemos continuar trabajando” es otra tontería, ingeniero Vizcarra. Porque, repetimos, al tiempo de espetar esa frase usted no estaba “trabajando”. Estaba usted mintiéndole nuevamente a los peruanos, inaugurando una planta de oxígeno que fue incapaz de adquirir –la donó un banco privado– pese a que usted ya dilapidó US$ 40,000 millones dizque para atender la pandemia. Labor en la cual usted igualmente ha fracasado. Lo dice el planeta entero. Ayer, por ejemplo, durante el debate presidencial entre los candidatos norteamericanos Trump y Biden apareció un recuadro bajo el título “Países con el mayor índice de fallecidos per capita Covid-19”. ¡Y al Perú se le ubica en primer lugar, como la nación que peor ha enfrentado esta pandemia! Este es el tipo de trabajo que usted “sabe” hacer, ingeniero Vizcarra. Aparte, claro está, de trapichear, engañar y delinquir cínicamente en perjuicio de la ciudadanía.