Mijael Garrido Lecca

Mijael Garrido Lecca

LA FÁBRICA DE ALFILERES

Acerca de Mijael Garrido Lecca:



¡Volver a confiar!

En su esfuerzo por hacerse daño mutuamente, el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo -hasta la disolución del último- se encajaron golpes bajos de todo tipo, y lo hicieron con una frecuencia que se convirtió el cotidiano ver el columpio de insultos, acusaciones, idas y venidas por parte de ambos bandos. Hoy, sin embargo, el señor Vizcarra “gobierna” (las comillas son para ser justos con el verbo) a sus anchas y ya sin ninguna obstrucción por parte del Congreso. Ya, de hecho, sin ningún contrapeso real a su regia figura y al de su servil panaca, encabezada por el señor ingeniero Vicente Zevallos.

Los momentos más encarnizados de la lucha por lograr más espacios de poder, por parte de ambos bandos, deben haber operado bajo la premisa de que -de avanzar- estarían cada vez más cerca de avasallar al enemigo. Y quizás tenían razón; no obstante, esta beligerancia con la que los enemigos se trataban de manera pública y notoria terminó alineando a la ciudadanía al punto en que leer las noticias era ya una especie de penitencia y se hizo rico el terreno para sembrar las uvas de la ira: ¡que se vayan todos! ¡El pueblo pide que se vayan!

Y se fueron. La cuestión está en que el señor Vizcarra no tiene la menor idea de qué hacer con el poder que ha concentrado. Nunca, ni en su sueño más afiebrado, consideró que algo así podría pasarle: es Presidente del Perú. Y si bien el ingeniero Zevallos y el parlanchín ministro Morán están siempre prestos a apuntalar con deslices los deslices que ya Vizcarra había soltado, la parálisis en la Economía, en el comercio, en la industria y -más importante que todo lo anterior- en la confianza de los peruanos es innegable: Vizcarra ya empezó a demostrar que estaba jugando a la gallinita ciega y que no sabe qué hacer.

En el medio de todos estos avances y retrocesos, que se sigan dando -no seamos ingenuos- está la ciudadanía que espera con ansiedad y desesperación que la salud, la seguridad, la educación y justicia empiecen a funcionar. Que los empresarios formales tengan estímulos para invertir y los informales para formalizarse. Pero nada de esto está pasando. Los ministros están con berrinche porque algunos congresistas se presentarán a la reelección. Y viajan por todo el Perú a decirlo disfrazados con los trajes típicos de la región. Muy bien: ¿qué más está haciendo el gobierno del señor Vizcarra?

El corredor cuprífero está absolutamente congelado en un momento en el que Chile atraviesa su peor crisis institucionalmente desde su vuelta a la democracia. ¿No es este el momento de potenciar a todo vapor nuestro cobre como la alternativa que nutra la demanda del Asia a través del Pacífico? Bolivia acaba de derrocar al dictador Morales -sobre lo que nuestro gobierno no ha dicho nada, siguiendo la doctrina Vizcarra: mira pa’ otro lado hasta que acabe- y la región está harto convulsionada por el nuevo intento del chavismo de anexar satélites a su dominio y mantener así sangre fresca para vivir como parásitos.

El Perú -no importa ya de quién venga- necesita un mensaje de confianza. Que nos recuerden que este es solo un temporal y que si las decisiones correctas son tomadas saldremos adelante. Que con libertad y trabajo la clase media podrá terminar de consolidarse y así el Estado podrá invertir el grueso de recursos en insertar a los pobres extremos al mercado. Pero para todo hay que tener, no solo un poco de sentido común sino que una porción de huevos también: la izquierda quiere infraestructura, salud, educación, no más puentes, parques, universidades gratuitas, leyes de cine, lucha contra la corrupción y más.

Bacán. Todas son causas nobles: ¿alguien me puede explicar de dónde sacamos la plata para pagar esa inversión? O es que el señor Arana y sus compañeros de viaje harán la danza de la lluvia para una nueva forma de transustanciación: de aire puro a divisas internacionales. O quizás la señora Mendoza y su amigo, Cerrón el breve, puedan pedirle un préstamo al país hermano de Venezuela. Para subsidiar la revolución, digo. Ya más tardecito Cerrón se encarga de botar a todos los venezolanos de Junín pero eso no lo cuenta al sátrapa de Miraflores. ¿O crecemos a punta de agricultura orgánica?

El Perú tiene una riqueza incomparable con la del resto de países pacíficos de nuestra región. Tiene la capacidad de construir infraestructura portuaria, ferroviaria y de generar polos de desarrollo. Pero necesitamos un Congreso que legisle en ese Norte y un Poder Ejecutivo que se despierte y se dé cuenta de que la Historia no lo va a juzgar con la amabilidad de las encuestas: este va a pasar a la Historia como un quinquenio perdido en manos de ineptos. El futuro quedará en manos de todos los peruanos este 26 de enero. Acabamos de ver qué pasa con un Congreso con mayoría. ¿Queremos ver la misma película?

¡Véndannos un sueño!



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