El Domingo 11 de abril a las 7pm, el Perú se enteró oficialmente, que el resultado de las elecciones arrojaba una respuesta a un quinquenio que se caracterizó por el encono entre las fuerzas políticas que dio lugar a la presencia inusual de cuatro presidentes, dejando de lado la solución de los problemas álgidos por la que viene atravesando la población, agudizados por la pandemia que hasta al momento ha producido cerca de 55,000 muertes, y que decir del incremento acelerado de pérdidas de puestos de trabajo, fiel reflejo del colapso económico que venimos padeciendo.
Pero el pueblo, ejerciendo el derecho que le da la Democracia, se ha pronunciado eligiendo a quienes han de pasar a una segunda vuelta: Pedro Castillo y Keiko Fujimori, el primero un representante de la izquierda radical y la segunda identificada con el centro (izquierda o derecha, duda que tendrá que disipar en los próximos días), como se advierte son personajes que tienen mensajes políticos antagónicos. Uno habla de cerrar el congreso, estatizar las empresas, prohibir la continuación de inversiones mineras como Tía María, Conga, modificar la Constitución, etc. La dama se pronuncia por alentar las inversiones, no estatizar, respetar el modelo económico social de mercado previsto en nuestra Carta Magna, no a la lucha de clases.
Haciendo una lectura del resultado emitido por la ONPE al 99%, pareciera que Keiko Fujimori tiene las de ganar, ello en razón que los partidos identificados con la izquierda apenas rozan el 30% del electorado (Perú Libre, Juntos por el Perú, Frente Amplio, Unión por el Perú), mientras que los demás partidos al tener programas políticos casi idénticos al de Fujimori, optarían por el voto naranja totalizando un aproximado del 55% de apoyo de la masa electoral.
Es obvio que esta deducción es matemática, mas no política, habida cuenta que en estos 50 días que faltan para las elecciones los aspirantes deberán realizar una serie de acuerdos con las demás fuerzas políticas para obtener el apoyo que necesitan. Estos pactos tendrán que realizarse a la luz de lo que requiere el Perú para salir del marasmo en que nos encontramos. Deberá tenerse en cuenta la solución y buen manejo de la pandemia, como se enfrenta el desempleo, cuál será el tratamiento económico, los métodos para luchar contra la delincuencia y generar seguridad a la ciudadanía, como enfrentar a la corrupción, reducir la pobreza. En fin, una serie de visiones políticas útiles para que el electorado sepa que opción ha de optar. Por ello los candidatos deberán explicar cuál es la realidad de su pensamiento sin ocultar absolutamente nada.
Cada uno de los postulantes tienen mochilas que llevan a cuestas, a Castillo lo vinculan con Sendero generador de tanta tragedia para el Perú, ello por su cercanía con Movadef, brazo legal de Sendero, y un virtual congresista tiene proceso judicial abierto por terrorismo. Sobre Fujimori pesa una (oportuna o inoportuna) acusación fiscal por el que le piden 30 años de cárcel, claro está que aún falta un camino largo por recorrer para saber si es culpable o no de los delitos que se le imputan.
De ser elegido uno u otra, estará en la imperiosa obligación de establecer un adecuado dialogo con el Congreso, que a la luz de los resultados será totalmente fraccionado en la que no hay mayorías sino, en todo caso, muchas minorías; de lo contrario vamos a padecer un escenario igual al quinquenio que deseamos olvidar.
Debemos cuidar, que se nos garantice el futuro con un gobierno que de seguridad jurídica, que ofrezca reactivación y crecimiento basado en la creación de riqueza, fomentando la inversión sana y responsable y que no asuste con llevarnos, nuevamente, por el despeñadero de la violencia o el estatismo a ultranza.