Mons. José Luis del Palacio

Mons. José Luis del Palacio

LA NUEVA EVANGELIZACIÓN

Acerca de Mons. José Luis del Palacio:



La humildad del hombre cristiano

Queridos hermanos nos encontramos ante el domingo XXII del tiempo ordinario. La primera lectura de este día es del libro del Eclesiástico, nos dice: “Hijo mío, actúa con humildad en tus quehaceres, y te querrán más que al hombre generoso. Cuanto más grande seas, más debes humillarte, y así alcanzarás el favor del Señor”. ¡Hermanos, hagámonos humildes! Pero, cuán difícil parece serlo, ¿no? Pidámoselo a Dios, es el único quien nos puede regalar un corazón lleno de humildad y sencillez. A través del sufrimiento, la enfermedad y la muerte, el hombre se hace humilde, nos hacemos pequeños.

Esta es la manera en que el hombre encuentra la felicidad, a través de la humildad alcanzaremos el Reino de los Cielos. Sólo un hombre es verdaderamente cristiano si es humilde, no pretendamos evitar el sufrimiento porque es la manera de hacernos verdaderos hombres. “Un corazón prudente medita los proverbios, un oído atento es el deseo del sabio”, así concluye esta lectura y resume lo que es ser cristiano: abrir el oído, es decir escuchar la Palabra de Dios y llevarla a la práctica.

Respondemos a esta lectura con el Salmo 67: “Tu bondad, oh, Dios, preparó una casa para los pobres. Padre de huérfanos, protector de viudas, Dios vive en su santa morada. Dios prepara casa a los desvalidos, libera a los cautivos y los enriquece”. Dios toma en cuenta y se ocupa de aquellos que los hombres rechazan y tienden a olvidar, los pobres. Se minimiza a los pobres y se les margina, pero Dios los pone en primer lugar como hijos de Dios. La segunda lectura es de la Carta a los Hebreos: “Vosotros, os habéis acercado al monte Sion, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a las miríadas de ángeles, a la asamblea festiva de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos; a las almas de los justos que han llegado a la perfección, y al Mediador de la nueva alianza, Jesús”. Nos acercamos a Dios y nos espera con una fiesta, en medio de alegría y paz por la inmensa misericordia que tiene con sus hijos. El Evangelio de san Lucas nos relata: “Jesús entró en casa de uno de los principales fariseos para comer y ellos lo estaban espiando.

Les dijo una parábola: Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y venga el que os convidó a ti y al otro, y te diga: Cédele el puesto a este. Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba. Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido. Y dijo al que lo había invitado: Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; y serás bienaventurado, porque no pueden pagarte; te pagarán en la resurrección de los justos”. Hermanos, ¿Por qué aquellos que se dedican a trabajar por los más necesitados se les ve tan felices? Porque hacen un festín con aquellos que no lo pueden agradecer, esa es la gracia.

Los invito a hacer esto y tendrán como recompensa, la vida eterna. Preocupemos por los pobres, huérfanos y viudas, hagamos una acción por ellos. Y hazlo con quien tengas más cerca, con tu prójimo, con aquel que está en tu familia incluso, con aquel que ignoras o no le diriges la palabra. Dios quiere que seamos felices aquí, en la tierra, y a través de estas acciones, experimentaremos la paz. Que la bendición de Dios este con ustedes y sus familias.
LA



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