Nunca con más vigencia aquella expresión donde el caudillo Nicolás de Piérola resume políticamente lo que somos: “el Perú es el país de los hechos consumados”. Y vaya paradoja que quienes más la encarnan en la hora actual son esos y esas que suelen autodenominarse demócratas, pro institucionales o defensores de la voz del pueblo.

Tanto gustan los hechos consumados que, por ejemplo, el candidato Pedro Castillo no duda un minuto en dar balconazos insinuando la irreversibilidad de su éxito electoral. Y, aunque aparenta solicitudes de calma y paciencia, moviliza a sus fletadores nacionales e internacionales para que ya lo traten como próximo presidente de la República.

La grosera intromisión de los jefes de Estado Alberto Fernández (el racista que solo se siente heredero de los barcos europeos que llegaron a la Argentina), Luis Arce (monigote boliviano de Evo Morales, violador flagrante de su propia Constitución) y Daniel Ortega (el dictador que apresa a los adversarios para reelegirse por cuarta vez, buscando perpetuarse en la conducción de Nicaragua como Anastasio Somoza), saludando al profesor en la hipotética condición de “presidente electo”, dibuja la magnitud regional de lo que se juega en nuestro territorio y la angustia porque esto de las observaciones a las actas se resuelva a través de un manotazo.

Junto a ello, enfrentamos otra siniestra comprobación: que el Perú también es el país de los dichos consumados. Los disparates analíticos del cuadro bipolar que nos dejan los comicios del 6 de junio, abundan y se repiten casi con excelencia académica digna de la seriedad del gordo Porcel.

El más patético es lo del cocacho a los limeños indolentes y creídos que estamos de espaldas a la realidad del interior del país. Como si toda Lima fuera todavía esa arcadia virreinal y huachafa bien descrita por Sebastián Salazar Bondy en tiempos que la migración interna recién calaba incipientemente en los terrenos capitalinos.

Lima hoy es el mosaico del Perú que en un 80 por ciento se compone de migrantes o hijos de migrantes, principalmente andinos. La que se conecta e integra con la sierra y selva para el desarrollo del comercio exportador.

La que hoy permite que el aniversario del programa de TV “Canto Andino” se celebre en un salón privado del Club Nacional, como lo narra en una magnífica crónica facebukera mi querido colega Edwin Sarmiento, natural de Lucanas, Ayacucho, al otro lado de la casita que siempre tuvo mi abuela en Cora Cora.

No va por ahí explicarse la emergencia de Castillo. Menos luego de que hace 5 años el Perú rural y urbano eligió presidente al gringo limeñazo Pedro Pablo Kuczynski. Hay monsergas post electorales que ofrezco desmenuzar desde mi perspectiva en las siguientes columnas.