Tras el escándalo del partido moradito -donde un ex general del Ejército resultó siendo un violento agresor de su esposa y el jefe de dicha agrupación política un sacavueltero cobarde- pues sencillamente ha Implosionado cualquier expectativa del vizcarrismo para contar con alguna mayoría parlamentaria en estas elecciones Frankenstein. Comicios donde nuestro país viene reflejando -en todo su esplendor- la miseria de personajes ávidos de poder que aspiran a legislar sin tener el más ínfimo nivel moral, educacional ni emocional. Salvo muy honrosas y escasísimas excepciones, el 95% de quienes postulan a ocupar una curul en el poder Legislativo no podrían pasan la valla mínima -en cualquier nación medianamente decente- para quienes intentan ejercer una función de inmensa importancia, como es la de congresista, lo cual significa entre otras responsabilidades formular las leyes de la República que forzozamente acatarán 31 millones de connacionales.

Escuchar tanto a Daniel Mora como a Julio Guzmán -ambos máximos dirigentes del partido moradito, ufanos de contar con el respaldo fanático de esos progre-marxistas que llevan de las narices al régimen Vizcarra- defenderse ante la opinión pública con un argumento tan pueril como “se trata de asuntos familiares, tras difundirse sus imperdonables faltas éticas, resulta verdaderamente indignante. Mora agredió física, abusiva, agresivamente a su esposa, quien con entereza destacable ha confirmado de manera muy detallada la grave agresión protagonizada por este indigno ex soldado. Dicho sea de paso, el tal Mora afirmó cínicamente por televisión “yo jamás agrediría a alguna persona” ,quedando en evidencia como un monumental farsante. Y Guzmán aparece filmado huyendo del lugar del delito. Porque citarse a escondidas con alguna subalterna -en un pisito alquildo la víspera- y huir tan pronto ante él y su acompañante empezara a incendiarse un televisor –lo que pudo incluso costar vidas- es delito por negligencia. Y cuidado, amable lector, que, desde la fecha en que Guzmán y Mora se presentaran como aspirantes a gobernar nuestra sociedad se convirtieron en figuras públicas. Lo cual demanda, fundamentalmente, contar con una hoja personal 100% intachable. Pero ambos han demostrado ser unos farsantes, además de tramposos, al querer sorprender al pueblo con coartadas sin sustento –“son asuntos familiares”-aprovechándose del respaldo que implica ser la niña de los ojos del poder Ejecutivo y sus sucedáneos de aquella prensa corrompida que los promociona mañana, tarde y noche, y/o los resguarda con su silencio cómplice como verificamos en estas horas de trance para sus favoritos.

Por fortuna, ambos destapes los ha conocido la opinión pública una semana antes de estos comicios Frankenstein. Ojalá que la ciudadanía despierte de este engaño sostenido al cual la mantienen sometida tanto el gobierno de los progre-marxistas como su corrompida claque mediática, en obvia connivencia con una mafia de encuestadoras que inflan o desinflan las preferencias del público con una impunidad claramente condenable. Estamos aún a tiempo para que Juan Pueblo sepa quién es quién en estas absurdas elecciones.

Por lo pronto, Mora Y Guzmán están irremediablemente descalificados para ejercer cualquier cargo de gobierno. Sea en el poder Ejecutivo o en el Legislativo.