El Presidente de la República está obligado por la Constitución a concurrir anualmente al Congreso para exponer la situación del país, esto es dar cuenta de lo acontecido y, también lo que se pretende para adelante y lo que requiere del Congreso para ello. En resumen, una visión retrospectiva y una prospectiva. En esta columna nos referiremos a la primera.

Para evaluar lo hecho en el pasado año gubernamental, tenemos que remontarnos a lo ofrecido el 28 de julio del año pasado.

Se nos ofreció lucha frontal contra la corrupción y la impunidad. Brilla por su ausencia, se sigue dando vueltas a lo de Odebrecht, pero nada de lo actual, como el dispendio en la contratación de allegados y actos, por lo menos que generan duda, en adquisiciones para enfrentar la pandemia.

Fue promesa un crecimiento del 3.5%, lo que quedó en sano propósito, aunque triste realidad.

La tan mentada diversificación productiva y mejora en la competitividad, se limitó a un buen deseo.

El Plan Nacional de Infraestructura, con realidad solo en el papel, su ejecución pues cero balas cero puntos.

La política de inclusión financiera, hasta ahora un fiasco, como lo prueba la distribución de bonos para mitigar efectos económicos de la pandemia.

La seguridad jurídica ofrecida, simplemente tirada por la borda, pues hasta vimos contratos con privados, hechos trizas por normas legales.

La promoción de actividades extractivas, incluyendo la minería con nueva normatividad, ni siquiera hay hasta ahora el proyecto de ley y, siguen estancados en Ministerios, las autorizaciones para nuevos emprendimientos,

Todo lo relacionado con las redes viables, en sus distintos niveles y modalidades, casi ciencia ficción.

Lo vinculado con el saneamiento, lindo en el papel, depresivo en la realidad y más aún cuando fue el tema del agua, propuesta de campaña de la agrupación que tuvo en su plancha presidencial al Ingeniero Vizcarra.

De la reconstrucción del norte, mejor no digo nada, los sollozos de nuestros compatriotas de la zona, hablan por sísolos.

De la transformación educativa, pues poco que hablar, pero sí protestar por el cuarto de millón de universitarios que han quedado sin estudios, por la denegación de licenciamiento, cuando bien pudo ayudarse a las universidades a mejorar su calidad, en lugar de sepultarlas.

Casi se juró que habría el aseguramiento universal de la salud, pero ello no ha significado atención universal y lo hemos corroborado en estos meses que se sufre la violencia.

En cuanto a medicinas, se ofertó bajar precios y tenerlas disponibles. Ni lo uno ni lo otro, pese a que se podía hacer si el Minsa actuase, pero se limitaron a tirarle la pelota a las farmacias, como si ellas fuesen responsables del fracaso del citado Ministerio.

Los hospitales y escuelas ofrecidas, la verdad no se ven, salvo que se encuentren en otro planeta.

Para ser justos, sí se han comprado algunos bienes a las mypes y ha crecido la agroexportación, aunque esto último sin intervención estatal.

Penoso, pasó otro año al quinquenio perdido.