La profundización de la crisis sanitaria, social, económica y política que asfixia al Perú es culpa exclusiva de esta calamidad de mandatario que tenemos. Con esa caradura característica sólo de los bribones profesionales, este personaje pretende solventar su incapacidad, irresponsabilidad y temeridad engañando a la opinión pública mediante declaraciones abiertamente mendaces, cuyo propósito no es otro que desinformar al ciudadano haciéndose pasar por un mecenas que lo soluciona todo, sin explicarle a la gente que lo que hace es dilapidar sin sentido alguno el dinero de los contribuyentes. La carencia de camas UCI, de respiradores mecánicos, de oxígeno, de medicinas, de equipos se seguridad y protección para médicos, enfermeras y técnicos, así como de hospitales de campaña –que se adquieren en el mercado internacional y ensamblan en apenas un par de meses–, y finalmente están los tres o cuatro meses de atraso en el pago de haberes a los servidores de la Salud, no pueden ni deben ser endosadas a la improvisación de gestiones anteriores. Aquello sólo corresponde a bienes, servicios e insumos pertinentes a una e-mer-gen-cia. Como esta pandemia de marras. Es decir, la responsabilidad de atenderlo es del gobierno que ejerce funciones cuando ocurren tales causas de fuerza mayor. Por ello le enrostramos a Vizcarra toda la culpa de esta grave falta de provisiones fundamentales. Carencias que han desatado la muerte de decenas de miles de compatriotas, por las cuales deberán ser juzgados tanto Vizcarra como el premier Zeballos y el ministro Zamora, dos de sus impresentables cómplices.

No obstante, la imprudencia de Vizcarra no se limita al campo sanitario sino a su mala administración de la estrategia para detener el avance del Covid-19. En efecto, aplicó durante cuatro meses un confinamiento mandatorio a toda la ciudadanía –clausurando la economía– sin hacer una estadística confiable del número de contagiados y el lugar preciso donde éstos estaban ubicados. ¿Razón? Vizcarra y el inepto ministro trotskista Zamora desoyeron a los especialistas, quienes incidían en realizar campañas masivas ante la población usando pruebas moleculares; no la inútiles serológicas que Vizcarra se antojó en comprar ya tarde y a precios altísimos, anulando los efectos esperados. Y desde luego, el hecho de no contar con estadísticas viables para detener el avance de la epidemia degeneró en el disparo vertical del número de infectados –culpable de que ocupemos el quinto lugar del ranking mundial– y asimismo el rompimiento de la cadena de pagos, la quiebra de grandes sectores económicos, un desempleo fenomenal y la tirada al agua de US$ 30,000 millones de ahorro nacional. Hay más. Como Vizcarra no puede perder popularidad, se ha dedicado a ofrecer subsidios generalizados a costos inconmensurables, presagio de la quiebra estatal. El Estado subsidia desde la energía eléctrica, pensiones, el turismo, transporte, etc. Al respecto el alcalde Muñoz –siempre solícito mirando a Vizcarra– se queja porque El Metropolitano no está incluido en el subsidio. Y con cara de palo anuncia que elevará de S/2.50 a S/7.00 el pasaje en este sistema de transporte. ¿Sabrá Vizcarra que así arrancan los procesos inflacionarios?