El ruido político desatado por los audios palaciegos y el pedido de vacancia subsecuente formulado en el Congreso reflejan, una vez más, la crisis estructural existente en la política peruana en la que una mayoría de personajes improvisados, oportunistas y corruptos sigue haciendo de las suyas a espaldas del pueblo.

Los audios son una vergüenza pero el pedido de vacancia sobre la base de una “incapacidad moral permanente” era claramente inconstitucional, aun en el marco de un argumento político tan difuso que ha servido solo en tres oportunidades para deponer a un presidente en el curso de nuestra historia republicana.

La precipitación, en todo sentido, del presidente del Congreso dio la impresión de un interés personal (¿un segundo Paniagua?) antes que la preocupación profunda frente a la denuncia de Alarcón, otro cuestionado personaje que sin duda había tramado un ajuste de cuentas personal.

En el camino, la interpelación a la ministra de Economía concluyó, también, como la sonora vacancia presidencial: en un debate fútil que poco o nada ha aportado a la solución de los graves problemas vinculados a la plaga y el hambre que aquejan a nuestro país, sin que se llegara a una censura que, por cierto, no tenía mucho sentido.

La que sí queda reforzada es la sensación de inestabilidad en un país como el nuestro que tiene el trágico balance de una cadena de presidentes corruptos en los últimos 35 años y un Congreso que, hasta ahora, va cuesta abajo en la rodada.

Debemos mirar hacia adelante, no sólo en términos de la elección del próximo abril en la que el pueblo debe, esta vez sí, votar en contra de la corrupción y el oportunismo y apoyar la reconstrucción moral y económica del Perú en manos honestas, firmes y capaces, sino en razón a los 11 meses que le quedan al actual régimen en el Poder que constituyen la transición de un gobierno de transición con poder a otro sin control del Congreso, desprestigiado frente a la opinión pública y en el que el Presidente se va quedando solo.

El Perú en este período no puede ni debe detenerse. Es obligación de todos fiscalizar tanto al gobierno como al Congreso, formular propuestas concretas y efectivas frente a la crisis y procurar la unión de los peruanos frente a ella, más allá de cualquier discrepancia.

Lo que ha habido es mucho ruido y pocas nueces, con grave daño para el Perú.

Presidente de Perú Nación-Presidente del Consejo por la Paz