Esta semana se realizó la audiencia judicial de una denuncia impuesta contra el Estado peruano para que se conceda el derecho a decidir cuándo, cómo y dónde morir de la ciudadana Ana Estrada. Como podrán imaginar este es un tema controversial, y no solo es un dilema jurídico sino también es un dilema médico y ético. La muerte asistida consiste en que un médico le provee a un paciente en una condición irreversible la medicación necesaria para que se pueda quitar la vida, diferente a la eutanasia que es cuando el médico realiza el acto. Está aprobada con diferentes restricciones en Suiza, Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Canadá, Colombia, España y algunos estados de los Estados Unidos. En el Perú no existe un marco legislativo, lo que significa que no se permite.

Lo que plantean quienes están a favor es permitir al paciente poner término a sufrimientos innecesarios que no le permiten llevar una vida digna y que tenga la libertad de elegir.

Entre los médicos hay divisiones, pero el colegio médico ha emitido una opinión donde está a favor de la ortotanasia que se entiende como el derecho del paciente a morir dignamente, sin el empleo de medios desproporcionados y extraordinarios para mantener la vida. Pero ¿cuál sería el punto de no retorno y cómo establecemos la línea que hay que cruzar?

No podemos dejar de comentar que los líderes religiosos judíos, musulmanes, católicos, hindúes, budistas entre otros se oponen en el mundo a la legalización de la muerte asistida y todas sus formas. Los líderes religiosos dan la vuelta al argumento de los que están a favor de la eutanasia al razonar que el deseo de morir es por vivir en condiciones intolerables y que eso es lo que hay que combatir. Como alternativa solicitan al Estado elevar el alcance de más cuidados paliativos que son el conjunto coordinado de intervenciones sanitarias dirigidas a mejorar la calidad de vida de los pacientes y sus familias, que hoy no llegan a quienes lo necesitan.

Quienes me conocen pueden ver que en mi perfil de Whats- App dice: “Un día, tu vida pasará en un instante ante tus ojos. Asegúrate de que vale la pena verla”, esta frase es el obituario que dejo Brittany Maynard, una defensora de la muerte asistida, en su página web al día siguiente que puso fin a su vida de manera voluntaria y legal en Estados Unidos. Es una frase que expresa la necesidad de una vida plena y una muerte digna, porque si algo es seguro es que todos moriremos algún día, por eso es trascendental que el Estado pueda garantizar que todos lo hagamos con el menor dolor y la mayor dignidad posible.

@sandrostapleton