Muerte literaria

Muerte literaria

Este columnista (que también escribe) viene siendo escrupuloso en la elección de los libros que comenta. El filtro es la calidad, solo se reseña lo que rebasa el gusto y la técnica. La literatura tiene la misión del deleite, pero también de la estructura y la palabra. La opción de este año fue ser bastante selectivo, pues quien comenta muchos libros (dos o tres o más por semana “todas las semanas”) es que, en realidad, no lee sino cubiertas y resquicios de reseñas o acaso superficies.

Elegir qué leer y comentar en el Perú es difícil, pues la lógica del mercado editorial u otros criterios parecieran llevar a las grandes editoras a optar por el autor antes que por el texto. Si los editores leyeran proyectos de novelas anónimas, de extraños, de outsiders, la literatura mejoraría, aunque los autores serían decenas de NN que no venderían diez libros. Como lector opinante (soberbio fuera atribuirse la calidad de crítico) he leído de curioso un par de libros sellados por editoriales grandes y el balance inquieta: textos que resbalan de las manos, que llaman a preguntarse por los criterios de selección editorial. De hecho, no fue una buena semana.

Como lector ávido y acucioso me reservo la evaluación de por qué algunas malas obras se publican en editoriales serias y de por qué autores de culto como Calderón Fajardo (a quien entrevisté alguna vez) nunca lograron ese merecido lugar en el anaquel de Crisol o una estampa en sus vitrinas. La apuesta de la buena literatura es leerla sin saber quién la escribe, hurgarla entre los “marginales” que la hacen en serio.

Me resisto a creer en la venidera muerte de la literatura, pero también y por paradoja, la masificación mata. Me avisaban de un sistema por el que millones de autores elaboran ficciones que nunca verán la luz, aunque quizás sí. De ese sistema de publicación virtual y gratuita derivaron libros impresos millonarios como el de la joven Anna Todd y su novela erótica After. Me refiero a Wattpad. Sin control de calidad, sin manejo del lenguaje, son millones los creadores que usan la plataforma de esta descomunal editorial en la que la elección de un astro como protagonista asegura lectoría. Muchos jóvenes han tomado la identidad de famosos vigentes (como One Direction). Todd, que factura millones con After, lo hizo inopinadamente con Harry Styles.

¿Sobrevivirá la literatura al siglo XXI?