La palabra “abierto”, según la Real Academia Española, proviene del latín apertus y tiene más de una decena de significados; además de esas connotaciones, hoy en día lleva asociados a ella los conceptos de oportunidad y posibilidad; escuchamos indistintamente: gobierno abierto, código abierto, economía abierta, política de puertas abiertas, etc. Este fenómeno se presenta a nivel global y obedece, en gran medida, a la revolución tecnológica; internet, sin duda, es una gran plataforma tanto para la presentación de contenido como para la computación: cada vez que nos conectamos, cargamos o visualizamos imágenes o videos, utilizamos un buscador, echamos a andar una gran computadora global compartida por todos; nosotros, como humanidad, estamos construyendo una gran máquina que permite la colaboración de una manera nunca antes vista, podríamos decir astronómica.
Las nuevas generaciones vienen abriendo el mundo, hemos venido observando -con asombro- cómo los niños pueden utilizar toda esta nueva tecnología sin esfuerzo; nuestros padres no le temían a un aparato de radio, nosotros no le temíamos a un televisor, los niños no le temen a la tecnología, ellos son “nativos” digitales, la primera generación de ellos ha superado la mayoría de edad y son profesionales, mientras quienes hemos nacido antes que ellos somos “migrantes” digitales. Las crisis mundiales también han abierto el mundo, las instituciones tradicionales: gobierno, empresa, medios de comunicación, finanzas, entre otras, están pasando de un estancamiento a una nueva dinámica, donde cuesta más permanecer estático que adaptarse a los grandes cambios; ha surgido, junto con las nuevas generaciones, la demanda de un nuevo escenario económico dentro de un mundo mucho más abierto.
La apertura del mundo necesita de principios: colaboración, en el mundo digital innovamos, creamos bienes y servicios, interactuamos con los demás, generamos valor público; transparencia, las instituciones se están volviendo cada vez más descubiertas, contamos con herramientas para descubrir lo que está pasando, indagar, informar, organizar respuestas o ideas colectivas; compartir, debemos ser capaces de renunciar a nuestros activos, a nuestra propiedad intelectual, remar en sentido contrario sería una locura, las disqueras y las industrias farmacéuticas están en serios problemas, están siendo obligadas por el nuevo orden a colocar sus activos e investigaciones al alcance de todos, en bien de la humanidad; empoderamiento, la información y el conocimiento son poder, mientras más se distribuya habrá una distribución concomitante de poder, el mundo digital trae consigo mayor libertad. Mirando el bosque y no el árbol, podríamos decir que las redes sociales no crean revolución, ésta es creada por la injusticia, la falta de empleo y la desesperanza; internet ha reducido los costos de transacción y colaboración del gobierno y las empresas, reduce también el costo de la disidencia y hasta de la insurrección; las instituciones son conscientes de esta situación y es por ello que se han visto obligadas a su apertura, el mundo digital ha traído consigo poder y libertad.
Así como la imprenta nos dio acceso a la palabra escrita y al conocimiento registrado, internet nos permite ser creadores de contenido y acceder a la información, al conocimiento y a la sabiduría de otras personas en todo el mundo; estamos conectados a través de una infinita red, no solo compartimos información y conocimiento, podemos compartir sabiduría, podríamos construir un tipo de sabiduría colectiva que trascienda lo individual o colectivo y tenga un nivel global, de esta manera vamos a resolver los grandes problemas del mundo. Nuestro mundo, cada vez más pequeño, en red y abierto, seguirá cambiando, pensemos en la herencia que vamos a dejar a las nuevas generaciones.