Al pergeñar estos renglones, Abimael Guzmán, el mayor criminal terrorista de la historia del Perú responsable de decenas de miles de muertes por más de dos décadas, ha fallecido por causas naturales en la camilla del tópico del establecimiento penal donde purgaba cadena perpetua. La enfermedad se llevó a este genocida cuyas atrocidades de las que nunca se arrepintió emulan el salvajismo polpotiano en Camboya y se fue al más allá sin que el machete, el cuchillo, la bomba o la bala lo degüelle, descuartice o despedace tal como ordenó quitarle la vida a hombres, mujeres y niños en su demencial guerra popular contra el Estado peruano. Si existe el infierno descrito magníficamente por Dante que se quemen sus restos eternamente en el séptimo círculo.
El genocida Guzmán desaparece de la faz de la tierra que ensangrentó y asoló la víspera del 29 aniversario de su captura, lo que de por sí es prácticamente una feliz coincidencia. Lo que no llama a felicidad es la coyuntura en la que ocurre y que como nunca evidencia que si bien expira el máximo autor de la destructiva insania terrorista queda aún el macabro “pensamiento gonzalo” marxista-leninista-maoísta que alimentó antes la cruel lucha armada insurreccional y que ahora mediante el activismo y la infiltración ideológica a través del Movadef pretende socavar los cimientos de la Democracia desde dentro. ¿O no, Presidente Castillo que tan tibia y tardíamente declaró sin mencionar a sendero luminoso ni el destino que tendrá el cadáver del genocida; o lo que manifestó el factótum Cerrón que infamemente equipara al terrorismo subversivo con el de Estado?
Seamos claros. A diferencia de otros países que sufrieron terribles periodos de violencia interna y van curando sus heridas con Comisiones de la Verdad, sanciones penales y sin olvido, en el caso del Perú el informe final de la CVR y las políticas públicas de poco han servido en casi 20 años de regímenes democráticos para procurar la reconciliación y la memoria nacionales al punto que la ponzoña senderista hoy disfrazada en el Movadef y adláteres recorre los corrillos del gobierno de turno. Pereció Guzmán, AL FIN, pero todavía toca vencer y borrar su mortífero legado de la faz del Perú y de los peruanos. A estar alertas. ¡AMÉN!

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