Al producirse el desastre de gobernabilidad y gobernanza en el primer gobierno belaundista y encontrarse de moda el antiimperialismo y cierto avance del socialismo vinculado al tercermundismo liderado por Josip Broz Tito desde la ex Yugoeslavia, Velasco organizó un equipo de coroneles y asesores de tendencia izquierdista de gran prestigio intelectual para elaborar el famoso Plan Inca en el cual desarrolló un esquema de gobierno nacionalista, estatista y socialista, para luego derrocar a Belaunde y encandilar al pueblo con una prédica reivindicativa sobre la presunta necesidad de estatizar todos los factores de producción y, como no se admiten opositores en esa clase de regímenes, confiscar los medios de comunicación masiva, para después modificar los contenidos educativos y uniformar a los estudiantes del Perú con vestidos color ratón para la nueva mentalidad “revolucionaria”.
Como toda dictadura, las decisiones tomadas por el gobierno militar en el corto plazo, entusiasmaron a casi toda la población y más con la prédica confrontacional de ricos contra pobres con el eslogan conocido “campesino, el patrón no comerá de tu pobreza”.
Parecía que los resultados económicos eran extraordinarios porque la fuerza armada fue modernizada por completo, se construyeron edificios públicos gigantescos y otras obras de impacto como Majes.
Lo que se ocultaba era que no había inversión privada ni peruana ni extranjera, que las empresas públicas iban convirtiéndose en gigantescos forados a través de los cuales se saqueaba el erario nacional y los bienes y servicios que producían los “empresarios” nacionales eran de pésima calidad y alto costo.
Sin embargo, en aquellos tiempos, los países productores de petróleo OPEP acordaron reducir su producción petrolera con lo cual dispararon el precio de este a valores inaccesibles que obligó al régimen velasquista a establecer la restricción sobre el uso de vehículos particulares por días según la calcomanía asignada.
La paradoja se produjo porque la OPEP canalizó sus ingentes ganancias hacia los bancos privados que fácilmente otorgaban grandes préstamos al país que lo pidiera, sin exigir mayores garantías. El Perú se endeudó.
En el mediano plazo, el escenario de aparente bonanza se convirtió en un estado de crisis y pobreza que obligó a Morales Bermúdez, ante las grandes movilizaciones sociales a nivel nacional, a convocar a la Asamblea Constituyente que elaboró la Constitución de 1979 con la cual, todos suponían, que se solucionarían los problemas. El resto de la historia ya la conocemos…

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