No sólo no voy a votar por los morados y Forsyth, sino que les haré la guerra a muerte. Son todo lo que yo detesto. Los morados son el peligro mayor pues el partido es la institucionalidad caviar más consolidada y, por lo tanto, más peligrosa. Forsyth es un oportunista temerario bajo la angurria política del padre, y los caviares que lo acompañan son más bien el núcleo familiar del clan Arévalo-Rey. Por eso no son ni por asomo tan nefastos como los morados. Pero, sea como fuere, su triunfo implicaría la instauración, muchas veces por la puerta falsa, de todo lo que detesto y combato: la agenda de género (que va contra la naturaleza humana); la ideología de género que es el corolario totalitario de aquella agenda mínima; el aborto que significa deshacerse sin culpa y sin miedo de otro ser humano con la falacia de que las personas son libres de hacer lo que quieran con sus cuerpos (si así fuera, no existirían los asilos de lunáticos que se automutilan, por ejemplo, pues es la civilización la que pone freno a la insania, con mayor razón la del crimen de un ser humano de 14 meses de gestación y que tiene vida propia); el lenguaje inclusivo me es aborrecible no sólo porque no tiene ninguna razón de ser, sino porque corresponde a un libreto ideológico de mal gusto que hace parecer imbéciles a los que lo usan; el matrimonio gay que es una oda melodramática a una unión que no produce estirpe, es decir, descendencia para la humanidad y, por lo tanto, en términos reales, no sirve para nada; las leyes de cuotas que se oponen al mérito de las mujeres o de cualquier ser humano que valen la pena en la sociedad pública y privada.

En fin, confieso que soy un férreo cultor del patriarcado, pues la naturaleza no procura derechos sino hechos que cinco mil años de civilización, desde el hombre de las cavernas hasta nuestros días, confirman. El caviarismo es todo lo contrario, una construcción artificiosa que estas dos opciones buscarían para la sociedad forzándola a adoptar posiciones que para mí corresponden al nihilismo absoluto, al debilitamiento del sistema de valores sobre el que se asientan las sociedades sanas y vitales. Son estas las que instintivamente se oponen al progresismo caviar, por eso digo que si estos ganan harán entrar su ideología totalitaria por la puerta falsa de los “derechos humanos” de Cortes Internacionales copadas por ellos o por cortes o tribunales constitucionales cuyos magistrados salen de sus emporios universitarios politizados. Estoy seguro de que ninguno de sus cambios en detrimento de la salud y la cordura social se concretaría en la representación nacional o en un plebiscito. Me importa un bledo Verónika Mendoza y menos el cura Arana. Su estupidez económica los derrocaría de inmediato, no así a los caviares que han aprendido a dejar las estructuras económicas capitalistas más o menos intactas porque saben que ninguno de sus cambios “culturales” progresaría con una ruina económica. La derecha peruana es un desastre, pero cualquier cosa es mejor a un exarquero mediocre y a un escapista cobarde.