La inmoralidad pública, las faltas a la ética y el divorcio con la ley no son privativos de los varones. Esa es una verdad de Perogrullo y la corrupción tampoco distingue si la persona que cae en sus fauces es alta, baja, adulta o joven; lo mismo da para el mal cuando no se tienen los cimientos sólidos de una conducta intachable frente al prójimo y al Estado.

No obstante, el nombre de mujeres de la escena nacional, con cargo público o relativa fama, que saltan a los medios por diversos cuestionamientos de corrupción va en constante aumento. En la medida que más ingresa la mujer a la “res pública”, el número de casos penales se incrementará por lógica consecuencia y rápidamente. Esto no debería pasar por el propio rol de la mujer para con la vida y la familia.

El caso Odebrecht, junto a las demás constructoras brasileñas metidas en el país, y el llamado “club de la construcción”, complicaron hace tiempo a la entonces primera dama de la Nación, Nadine Heredia, quien junto a su esposo Ollanta Humala tienen hoy serias denuncias ante la Justicia, repitiendo un poco el libreto de sus antecesores Eliane Karp y Alejandro Toledo. La corrupción es así, pues tampoco distingue ideologías, sean las personas de derecha, centro o izquierda. Ahí está el caso de Susana Villarán, que negó hasta el último lo evidente, reconociendo luego haber recibido sobornos millonarios.

Pero, fuera del fierro y concreto de las obras públicas, ahora se ha pasado a las jeringas y las agujas, donde ex ministras, ministras en funciones y conocidas lobistas han hecho la primicia de la semana, gracias a la denuncia de destacados hombres de prensa, Carlos Paredes y Beto Ortiz, generándose otro escándalo de proporciones que deja mal parado el prestigio internacional del país, con hazmerreír incluido, por entera y exclusiva culpa de pésimos gobiernos como el de Vizcarra y Sagasti.

Los más de 32 millones de peruanos no merecemos esto. No debemos permitir que malas personas usen la gestión pública para beneficiarse, para colarse en la cola de las vacunas y el resto que se friegue. Por fortuna, los ciudadanos todavía tienen instituciones nacionales e internacionales no contaminadas por el “vizcarrismo” para derrotar la corrupción, sea de hombres o mujeres, para enfrentar el abuso de aquellos que usan su cargo público o su posición circunstancial de “autoridad del Estado” para hacer daño a la nación.

@Rafael RomeroVas