El día de ayer, el presidente Vizcarra incorporó un componente nuevo en su narrativa política. Uno que revive un viejo y peligroso conflicto no resuelto en la sociedad peruana: la lucha entre cholitos y blanquitos, entre provincianos y limeños por cambiar las reglas de juego en la contratación de obras públicas, expresada en la denuncia que hiciera el mandatario sobre los intereses “mafiosos” del Club de la Construcción.

Estos habrían iniciado su plan de venganza con una serie de denuncias periodísticas que demostrarían su complicidad con los corruptos que dice combatir, y que busca convencernos de que el Presidente miente, incapacitándolo moralmente para liderar el país bajo la bandera de la lucha anticorrupción.

Esta percepción, por cierto, va ganando la batalla de las narrativas en conflicto. Tras dos semanas de artillería pesada, la situación del Presidente parece más un ajuste de cuentas entre mafiosos, que una venganza contra nuestro Zar Anticorrupción. Recordemos que la soga siempre se rompe por el lado más débil.

El proceso es complejo. Ambas narrativas se parecen más a manotazos de ahogado porque no tienen sólidos argumentos para sostener sus posiciones encontradas. Por eso optan por aniquilar al otro, sin importar si con ello se llevan de encuentro un orden social existente.

Si el presidente Vizcarra sigue exponiéndose como lo ha venido haciendo cada semana, demostrando una irracional estrategia de comunicación, tendrá que responder más preguntas de fondo que, sin duda, afectarán el respaldo popular que aún lo acompaña. ¿Por qué no acompañó su denuncia inicial con acciones legales concretas? ¿Por qué el procurador del MTC no solicitó a la Fiscalía poner contra las cuerdas a estos corruptos mencionando sus nombres propios? ¿Por qué ambos esperaron dos años para enfrentarse públicamente? Son algunas preguntas que las apariciones del mandatario ponen sobre la mesa, pero no tienen respuestas satisfactorias de su parte.

Ninguna narrativa nos convence. ¿Será porque en el fondo se resisten a terminar esta dinámica mafiosa que aún nos tiene atrapados? ¿Será porque ambos mienten? El mayor riesgo de continuar alimentando este conflicto y agudizando contradicciones en el ámbito político, son las consecuencias no buscadas que comenzarán a expresarse en el ámbito económico y social.

La historia del Perú está plagada de momentos concretos que demuestran cómo nuestro instinto autodestructivo termina por boicotear nuestro futuro. ¡Dios nos coja confesados!