¿Qué naturaleza le estamos dejando a las nuevas generaciones? ¿Qué naturaleza querrían que les dejemos? He aquí, algunas reflexiones:

Nos hemos acostumbrado a definir a la naturaleza stricto sensu, de acuerdo con esta definición no quedará nada de ella para las generaciones venideras, los humanos venimos transformando casi todo. Hoy en día, los humanos usamos la mitad del mundo para vivir, para los cultivos, la madera, la crianza de animales; un pequeño dato global: la suma del peso de todos los humanos sería 10 veces más que todos los mamíferos salvajes juntos; hemos abierto caminos a través de los bosques, hemos agregado partículas de plástico a la arena de las playas, hemos modificado la composición química del suelo (por nuestros fertilizantes artificiales) y del aire (más dióxido de carbono). Todos estos cambios y muchos más que pasan desapercibidos han llevado a los geólogos y científicos a llamar a nuestra era como ANTROPOCENO , por la gran influencia humana en el planeta y que serviría para pensar sobre la magnitud de esta influencia; algunos ambientalistas sugieren que, al haber el hombre intervenido en cada rincón del planeta y habiendo alterado su funcionamiento, debería hablarse del “final de la naturaleza”.

Cuando los humanos empezamos a poblar la tierra comenzó un proceso de interacción con la naturaleza que condujo, ineludiblemente, a la extinción de una gran cantidad de animales, en busca de alimento, piel o la simple defensa; a pesar de ello, los ecosistemas no se detuvieron, los bosques se convirtieron en desiertos, los pastizales en bosques; el hombre llegó a intervenir en cada espacio donde le fuera posible llegar, involucrándose en la naturaleza de una manera muy influyente durante mucho tiempo. Existen lugares que aparentemente aún son salvajes: los parques nacionales, por ejemplo, pero allí también existen personas, quizá en menor cantidad, pero existen personas, y han estado viviendo allí durante siglos o milenios; estas personas tienen una relación estrecha con el paisaje: cazan, cultivan, domestican animales y plantas; la situación se reproduce en cualquier parte del planeta, las personas han influido en los ecosistemas en el pasado y continúan haciéndolo en el presente , hasta en los lugares donde no se puede apreciar a simple vista.

Entonces, cualquier definición de naturaleza que implique que el ser humano no las haya tocado que no haya personas en ella, tal vez sea una definición equivocada; me atrevo a sostener que la mejor definición debería contener la presencia de múltiples especies y de una vida próspera. Existe naturaleza a nuestro alrededor, estamos rodeados de animales y plantas, existe vida salvaje junto a nosotros sin que ni siquiera nos hayamos dado cuenta; no solo existe vida salvaje en las reservas ecológicas o parques nacionales, paradójicamente en estos lugares no se puede hacer nada: no podemos treparnos a los árboles, no podemos encender fogatas, no podemos recoger flores o frutos, los niños pensarán que se trata de la “peor naturaleza de la historia”; además, estos lugares están alejados, cuesta mucho llegar, son difíciles de visitar. Contrario a lo que la mayoría cree, todos vivimos cerca de la naturaleza o en contacto ella, tenemos nuestros maceteros, jardines, parques; lo que sucede es que hemos olvidado la forma de verla, hemos pasado mucho tiempo viendo documentales o programas de televisión, tenemos naturaleza en los árboles y las plantas que nos rodean, así como los miles de seres que viven de ellas, en ellas y con ellas. Los ecosistemas de ahora, en su gran mayoría, están dominados por especies no nativas, tenemos campos agrícolas mejorados, plantaciones de madera en reserva, bosques de segundo crecimiento, plantaciones de otras latitudes que se han adaptado a nuestras tierras.

La verdadera preocupación por la naturaleza que les dejaremos a las nuevas generaciones debe comprender: primero, dejar de definir a la naturaleza como aquello que no ha sido tocado por el hombre, ahora es un sinsentido que excluye a gran parte -o a toda- la naturaleza; segundo, dejemos que los niños toquen a la naturaleza, que interactúen con ella, que se sientan parte de ella, la única manera de tener personas que se preocupen por la naturaleza es permitiéndoles tocarla. Hoy en día, ya no importa de donde provengan las especies de animales o plantas, lo que importa es su belleza y que merecen ser tocados y apreciados. ¡Amemos a nuestra naturaleza!