Quizás estas fiestas navideñas serán recordadas como una de las más tristes de la historia del Perú y aleccionadoras. dicen que “sólo cuando perdemos algo, recién aprendemos a valorar lo que hemos perdido”. La actual crisis nos ha hecho recordar la importancia de haber tenido libertad, y ahora por causa de una crisis virulenta, ese derecho humano se ha perdido.
Por otro lado, la crisis nos ha hecho recordar nuestras carencias en infraestructura de la salud; la falta de hospitales y su precario equipamiento, y la necesidad de contar con buenos profesionales remunerados. Nos ha hecho recordar también que la educación es la base de una sociedad civilizada, donde debe primar el sentido común más que el sinsentido de aprender cursos académicos innecesarios que no nos ayudan para saber actuar ante la adversidad y saber administrarse en una crisis.
Por otro lado, la crisis debe hacernos pensar que necesitamos normas más flexibles para poder aplicarlas en momentos de inestabilidad; recuerdo el debate para resolver la situación de los profesionales de la salud, para que puedan trabajar en dos instituciones públicas en momento de emergencia nacional.
Si analizamos un poco más, podemos advertir que los errores encontrados y que no permitieron al gobierno ni al país actuar rápidamente ante la crisis emergente, es que los peruanos no estamos educados para solucionar problemas inesperados. Creo que el concepto de educación debe cambiar radicalmente; la educación debe educarnos para la vida y no para tener un “cartón” que esté colgado en la pared.
Las personas somos más tiempo viejos que jóvenes, y la educación debe estar dirigida a dotarnos de las herramientas para podernos defender ante lo imprevisible que es la vida. Nos debe proveer de formas de pensar y de actuar ante la adversidad y hacernos trabajar en lo que es la inteligencia emocional, base para poder realizar una buena administración de conflictos.
Si el peruano promedio aprende desde su niñez a saber actuar bajo presión, a pensar con frialdad bajo criterios lógicos y objetivos, estará mejor dotado para enfrentar las crisis imprevisibles y si él logra asumir cargos como el de legislador, sabrá proponer normas realistas y no absurdas que solo sirven para un determinado estadio social.
De eso se trata está crisis, de aprender de los errores y valorar lo que hemos perdido, que incluyen a miles muertos que con una buena previsión aún estuvieran con nosotros.
Feliz Navidad de reflexión.