Necesitamos soluciones drásticas

Necesitamos soluciones drásticas

El ataque subversivo contra el Perú no ha terminado y ni siquiera amainado. Los atentados quizá no tienen en Lima la espectacularidad de las acciones iniciales, la prensa ya no transmite en directo las 24 horas y la población le presta menos atención y sigue su vida “normal”, lo cual es tan pernicioso como pretender que hemos derrotado el terrorismo.

Perder el sentido de urgencia y gravedad oculta que la guerra molecular disipada de la alianza maldita entre Sendero Luminoso, el MRTA y el narcotráfico continúa estrangulando a la sociedad y la economía peruana en por lo menos 18 regiones del interior y pone en jaque la institucionalidad del Estado, porque el objetivo sigue inamovible: forzar la convocatoria a una asamblea constituyente.

La desatención soslaya también el gran riesgo de que el Foro de Sao Paulo nos aísle internacionalmente y que, en cualquier momento, la región Puno se declare independiente y se asocie al proyecto geopolítico del Runasur, escindiendo el territorio nacional.

La presión violenta se va a acentuar contra Dina Boluarte y la propaganda ya la está responsabilizando de inverosímiles actos de genocidio; mientras tanto el Congreso simplemente no puede ponerse de acuerdo en el adelanto electoral y las reformas políticas.

Hasta hoy el Gobierno ha apostado todo a la heroica resistencia de la PNP; pero esa institución está al borde de su resistencia como ha podido verse en la comisaría de La Joya, donde ha tenido que intercambiar prisioneros por un efectivo a punto de ser quemado. Por lo tanto ha llegado el momento de recurrir a la segunda capa, las Fuerzas Armadas y el estado de sitio progresivo en la macro región sur y en Lima. Complementariamente es inevitable suspender las relaciones con Bolivia y militarizar la frontera; el agravio inferido por el gobierno de La Paz tiene que contestarse, también debe reprimirse a todos los infiltrados violentistas bolivianos, además de cortar las líneas del narcotráfico y el contrabando que cruzan desde el Chapare.

Es falsa la dicotomía de vida o seguridad. La República tiene que defenderse con todo pese a las bajas. Boluarte está haciendo lo mínimo, pero es demasiado tibia y Otárola tiene limitaciones. O dan el siguiente paso o ceden el control a Williams y un gabinete militar, estamos perdiendo la confrontación estratégica y esto puede escalar, mínimo unos tres meses como en Chile o máximo una eternidad como en Colombia. Necesitamos soluciones drásticas.