Por: Ricardo Sánchez Serra

La decisión del Gobierno del Perú de reanudar las relaciones diplomáticas con el ente República Árabe Saharaui Democrática (RASD), como la primera gran decisión de la diplomacia peruana en el contexto internacional, es simplemente nefasta, absurda y cantinflesca.

La RASD es un elemento creado por Argelia y sus dirigentes, reunidos en el Polisario, que lucharon contra el colonialismo español con el objetivo de desmembrar la integridad territorial de Marruecos y que Argelia tenga una salida al Atlántico.

Es una lástima que el Perú se aleje de una diplomacia proactiva y de estrechamiento de lazos con los países y más bien realice una diplomacia destructiva y de confrontación.

Es conocido que la política exterior la dirige el presidente de la República, pero también la Cancillería, como su órgano asesor y especializado en los temas internacionales debe aconsejar y exigir prudencia, más aún teniendo a un experimentado ministro, como Óscar Maúrtua, que debe parar en seco decisiones trasnochadas e ideológicas devastadoras, que vienen de presiones internas marxistas de Perú Libre y externas del Foro de Sao Paulo a través del chileno Esteban Silva, Vladimir Cerrón, del yemení Ahmed Abdullah Qasem y del partido Podemos y su tela de araña, Juntos por el Perú.

Vistas las decisiones destructivas del Ejecutivo de malograr las relaciones con un país geopolíticamente importante como Marruecos y comprometer los vínculos con dos tercios de los países africanos y la Liga Árabe, además de ir contra el consenso internacional sobre el tema en el seno de la ONU; el Perú está en el camino de ser un paria internacional, si restablece relaciones diplomáticas con Corea del Norte, acepta una Embajada de Irán en Lima y si se compra el pleito a favor de la comunista República Popular China en su confrontación con los Estados Unidos; o en sus futuros bloques remanentes de la Guerra Fría, al lado de países afines ideológicamente, pero que van a frenar nuestro desarrollo. Y esperemos que los terroristas del Hezbollah realicen su caldo de cultivo aquí.

Volviendo al caso de la RASD, tiene su población secuestrada en los campamentos argelinos de Tinduf, no tiene territorios denominados “liberados” en donde supuestamente funciona su inexistente Gobierno, pues son zonas colchón en donde circulan los Cascos Azules de la ONU. No es cierto que lo reconozcan más de 80 países, sino una veintena por razones ideológicas. La Organización de Naciones Unidas no la reconoce, como tampoco la Unión Europea, ni los países árabes -salvo Argelia que es su titiritero- incluida Palestina. Así que no nos vengan a sorprender.

La Comisión de Relaciones Exteriores del Congreso ya convocó al canciller Maúrtua y se espera que responda a todas las interrogantes y cómo enmendará las relaciones con Marruecos. Destruir es fácil, construir es difícil.

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