No a la agenda globalista

No a la agenda globalista

“No soy una política de consensos, soy una política de fuertes convicciones” declaraba la reconocida ex primera ministra del Reino Unido, Margaret Thatcher, dejando en claro que, contra la firmeza de las convicciones, no hay tentativa de consensos que valga.

Ahora, cabe resaltar que será necesario consensuar por mayoría, en circunstancias, por ejemplo: De evaluar políticas públicas (Sesión del Consejo de Ministros en el Ejecutivo), promulgar leyes (Pleno del Congreso) y dictar sentencias cuando estas se deciden de manera colegiada (Sala del Poder Judicial). En ese contexto, convenimos, adherimos, concordamos, a veces en el campo del servicio a la nación a través del Estado, y otras tantas, en general, en sociedad; pero persiguiendo siempre un fin supremo: “La defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad” tal como lo establece el Artículo 1 de nuestra Constitución Política.

Sin embargo, como decíamos al inicio, hay principios innegociables que deberían ser la fuente moral de todo accionar político y social, atendiendo no solo al Art. 1° de nuestra Carta Magna, sino sobre todo al avasallante adoctrinamiento con ideologías nefastas infiltradas y plasmadas en instrumentos como la globalista “Agenda 2030”.
Estos principios y valores son aquellos que jamás deberíamos estar dispuestos a negociar como país, y son: 1) La vida, como primer derecho, a protegerse desde la concepción, sin ninguna excepción. 2) El matrimonio entendido como la unión de un hombre y una mujer 3) La concepción del sexo, el cual inmutable, irrefutable y verificable.

Porque todos los seres humanos: i) Nacemos con una dignidad intrínseca, aquella que se encuentra en nuestra propia esencia, y que no depende de los gustos o preferencias que adoptemos. ii) Somos un fin en nosotros mismos, y no un medio para la realización egoísta de otro ser humano iii) Somos libres, pero esta libertad no proviene del Estado, sino que es parte de nuestro propio diseño divino.

La coacción estatal que vulnere estos preceptos señalados es inmoral, y más aun cuando en nombre de las “libertades individuales” se somete a la población, se intenta crear falsos derechos para un grupo, imponiéndoselo a los demás, en desmedro de su propia libertad de pensamiento y de creencias. Es mordaza, persecución, es gastar recursos de los peruanos en ideologías sin base en la verdad, ni en la ciencia; y la aparente legalidad que puedan revestir ciertas leyes o normas, no las hace justas, porque una ley solo será justa si se fundamenta en la verdad.

Tal como dijo nuestro Señor Jesucristo: “La verdad los hará libres”. Y contra la verdad de los principios descritos, no habrá jamás negociación posible.

No a la agenda globalista.

¡Dios, Familia y Patria!

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