No a la asamblea constituyente

No a la asamblea constituyente

El anuncio de la consulta popular sobre una nueva Constitución es la reafirmación más concreta de que este gobierno no tiene nada más que ofrecernos que escudar su incapacidad de alcanzar logros y consensos en una última maniobra distractora y de polarización que les asegure culpar a otros de sus fracasos. Este es el trasfondo real.

Nos preguntamos: ¿Es culpa de la Constitución las protestas del paro de transportistas, del paro de agricultores, de la marcha por un toque de queda inconstitucional, del corredor minero, de los conflictos sociales de Cuajone, de Las Bambas? Absolutamente, no. Es cuestión de buena gestión, de políticas públicas sintonizadas con las demandas ciudadanas.

Se necesita de mínima capacidad para anotar cuáles son las verdaderas necesidades de la población. Basta informarse de las últimas encuestas, para saber que una Asamblea Constituyente no está entre las principales necesidades de los peruanos, como sí lo está: i) la inseguridad ciudadana imperante, ii) la corrupción, ii) la reactivación económica para acceder a una mejor calidad de vida en salud, educación, vivienda, empleo. Pero este tipo de propuestas demagógicas solo agrava la crisis y vuelve infructuosa la verdadera “agenda país” que este gobierno debería tener.

El Congreso de la República deberá actuar en consonancia con las verdaderas demandas del pueblo, y deberá hacer respetar su agenda legislativa coordinada con el Ejecutivo y aprobada por Resolución Legislativa N° 002-2021-2022-CR, en que ni por asomo aparece “Nueva Constitución” como la panacea que resolverá todos los males.

Ratificamos, la Constitución se puede reformar, pero la consigna de Vladimir Cerrón y compañía es dinamitarlo todo, para crear una sociedad controlada y sometida a la ideología de un régimen socialista al estilo de Evo Morales o Hugo Chávez, donde todos sean iguales en pobreza, y los únicos ricos sean los que gobiernan.

Desde el Parlamento habremos de rechazar rotundamente esta treta desestabilizadora que desliga al gobierno de lo que realmente le compete hacer. Como miembro de la Comisión de Constitución no me prestaré a esta artimaña de “nueva constitución”; no tendrá mi voto. Mejor piense el Ejecutivo en cómo hacer mejor su trabajo.

Pedro Castillo en sus inicios aseguró a un excandidato presidencial que no promovería Asamblea Constituyente, y hace poco declaró a un cardenal que habría un cambio radical en su gobierno que hasta hoy no ocurre. Parece que el problema ya no está tanto en Castillo sino en quienes aún le creen.

¿Dejaremos que impulsen nueva Constitución, los mismos “dinámicos” que tanto vienen engañando al pueblo?

El sacerdote católico Jesús Palmar dijo: “Redactar una nueva constitución en medio de una constituyente llena de delincuentes es como si los demonios escribieran una Biblia”.

¡No a la Asamblea Constituyente!

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