A siete días de las elecciones es oportuno recordar, con hechos y cifras, la catástrofe provocada en Venezuela por el Socialismo del Siglo XXI, un modelo político estatista y totalitario impulsado por Hugo Chávez y Nicolás Maduro.
Cuando era candidato, el comandante Chávez juró respetar la Constitución de 1961, que establecía el periodo presidencial en cinco años, sin reelección inmediata. Pero al ganar los comicios, deshonró su palabra y convocó una Asamblea Constituyente que aumentó el plazo a seis años, aprobando una reelección que después devino en infinita. De esa forma Chávez extendió su permanencia en el poder –que debió haber sido del 2 de febrero de 1999 al 2 de febrero del 2004– hasta su muerte, el 5 de marzo del 2013. Aplicando esos cambios a la carta fundamental, su reemplazante, Nicolás Maduro, fue habilitado para gobernar hasta el 2025, objetivos que alcanzaron sometiendo a todos los poderes del Estado y utilizando a las Fuerzas Armadas, la Policía Bolivariana y milicias populares como guardias pretorianas del chavismo.
En ese largo tiempo condujeron a su país a la miseria, al punto que siete millones de seres humanos emigraron en busca de alimentos, medicinas y seguridad, un millón doscientos mil al Perú. El desastre provocado es, sin duda, el mayor del hemisferio. Cuando Chávez asumió la jefatura del Estado un dólar representaba 577 bolívares; hoy, un dólar equivale a 3’400,000 mil bolívares. En ese contexto, a pesar del exorbitante aumento en 300% de las remuneraciones, el sueldo mínimo vital es US$ 2.30, cifra que representa 7’000, 000 de bolívares, suma que no alcanza para comprar un kilo de carne, que oscila entre US$ 3.00 y US$ 6.00, según la calidad, o un cartón de 30 huevos que cuesta US$ 3.50.
La hiperinflación, además, fue la mayor del mundo, superando los 5 millones entre el 2017 y 2018; y el FMI la estima en 5 mil % para este año. Esta catástrofe que podíamos ampliar estadísticamente publicando cifras de los organismos multilaterales, se resume en una sola: la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI), que coincide con el estudio de la Universidad Católica Andrés Bello, señala que el 96% de venezolanos están sumidos en la pobreza y el 79.3% de ellos no tienen cómo cubrir la canasta de alimentos. Sin medicinas, con interrupción constante del fluido eléctrico y agua potable, escasez de gasolina y una impagable deuda externa, ese es el siniestro “modelo económico” que la izquierda intenta aplicar en el Perú.
No menos grave es conocer la sistemática violación a los derechos humanos, así como los altos índices de corrupción del gobierno. La OEA, la Comunidad Europea y todos los organismos especializados sin excepción han respaldado el trabajo desplegado por el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, que informó sobre 7 mil asesinados por “escuadrones de la muerte”, decenas de torturados y centenares de presos políticos, hechos que provocaron el inicio de indagatorias de la Corte Penal Internacional.
Ese es el modelo que admira el candidato de Perú Libre Pedro Castillo y su jefe político Vladimir Cerón, que nos conduciría a un sistema totalitario, para someternos al bloque chavista y al leprosorio económico.

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