Conocidos los resultados electorales de la primera vuelta para elegir al próximo presidente o presidenta de la República, un sector importante de la clase política pareciera haber entrado en una crisis emocional, una especie de “ataque de pánico” que les lleva a percibir una “desgracia inminente” en caso una de las dos candidaturas que ha pasado al balotaje, la de Pedro Castillo, el maestro de izquierda radical, llegase a ganar las Elecciones Generales y este padecimiento también alcanza a intelectuales, opinólogos, periodistas, etc.
Tanta es la ansiedad que se reluce en estos sectores, que “en caliente” han salido públicamente no sólo a respaldar, sino también a pedir el voto por la otra candidatura que también llegó a segunda vuelta y que es de derecha (a lo más, centro derecha), la de Keiko Fujimori. No obstante, sumados estos dos, apenas alcanzan a tener el 32% de las preferencias del electorado (considerando solo los votos válidos), lo que significa que juntos o separados ambas opciones adolecen de una evidente “falta de representatividad” y por ende de “legitimidad” como muchos han señalado, pero nos guste o no, es lo que hay.
Pero también los hay los que “a priori”, han hecho público por quien “nunca votarían”, no aceptando razón alguna para siquiera replantear su posición a futuro, habida cuenta que para los comicios de segunda vuelta quedan 6 largas semanas por delante y me refiero al caso marcadamente de los “antifujimoristas”, que sin tener personería como partido, se han constituido en las últimas décadas en un movimiento político de influencia.
A ver, a todo esto, cada uno es libre de abrazar la ideología política que le parezca, de elegir o no elegir a quien le plazca, esa particular decisión es individual, nadie puede tomarla en nuestro nombre, es parte de nuestra “ciudadanía”, por tanto BASTA YA de “paternalismos”, de “ayos” (institutrices), que pretenden influenciar hasta el hartazgo sobre lo que debemos o no hacer, sobre lo que es correctamente político o no, que si opinamos a favor o en contra de estos, nos constituimos automáticamente en amigos o enemigos de la democracia o del tal mentado “modelo económico neoliberal”, el que “a la hora de los loros” el covid-19 desnudó las enormes brechas en salud, educación, agua; modelo que no impide que los privados lucren con la vida de los pacientes que no alcanzan lugar en los hospitales públicos, ya que pareciera que el respeto por “el libre mercado” está por encima del bien y del mal, incluyendo la vida humana.
Déjennos esa “reflexión” a nosotros los ciudadanos, sin presiones ni influencias, sin “cucos”, porque además en política se está a la espera de “compromisos” que asumen los candidatos para ganar legitimidad, “pactos” que subsana omisiones o aterrizan Planes de Gobierno, adherencias, distanciamientos de los compañeros de ruta, etc. Hasta entonces, lo prudente será “no precipitarse” en anunciar “que de tal agua no habrán de beber”, porque quizá tengan que comerse sus palabras.

 

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