El problema de las campañas electorales es que se convierten en feria de promesas para conseguir el voto, son perversas y antiéticas cuando la demagogia se convierte en el arma de mayor eficacia contra las personas menos informadas.
La mayoría de promesas electorales están relacionadas al gasto público, pero en las actuales circunstancias ¿qué podrá suceder cuando el candidato que gane las elecciones no tenga el dinero para hacerlas realidad?
Las arcas del Estado están heridas, y lo seguirán en la medida que continúe la poca recaudación tributaria producto de la recesión asistida, generada por la actual administración. En ese sentido, las ofertas electorales populistas generarán falsas ilusiones en la mayoría de los peruanos desinformados, a los que les encanta el discurso fácil y las promesas que no se pueden cumplir.
El problema radica en que, en un horizonte corto luego de asumido el nuevo gobierno y ante la crisis socioeconómica acentuada por las promesas de campaña incumplidas, podría generarse el caos social y una posible “chilenización” que terminaría en una crisis política y de gobernabilidad. Ante ello, un gobierno débil, sin recursos y sin inteligencia, podría optar por una convocatoria a una Asamblea Constituyente, lo que pondría en peligro la estructura económica y constitucional de la república. Está demostrado que la mayoría de políticos no conocen de economía, y piensan que la inflación que tenemos, nuestro de tipo de cambio que es sólido en el tiempo y que nuestras reservas internacionales, entre otras variables, son producto de la magia.
Por esa razón, propongo que los candidatos reciban cuanto antes de nuestra ministra de Economía una explicación de la situación económica del país. No me refiero a una explicación por los medios de comunicación sino a una convocatoria del gobierno a los candidatos y a sus equipos técnicos. Hasta me atrevo a pedir que el gobierno saliente debe estar obligado por ley a explicar a los candidatos presidenciales, la situación económica que dejan al salir del gobierno, con el propósito que las ofertas electorales sean realistas y no demagógicas. De esta forma, incorporaríamos una buena práctica para las elecciones futuras, donde los gobiernos salientes y los que desean gobernar, tengan información real y precisa para elaborar sus planes de gobierno.
Aún tenemos una estructura macroeconómica fuerte, pero nuestros futuros gobernantes deben conocerla de fuente oficial y empezar a evaluar que pasaría con el país si la perdemos.