¡No es la Constitución, estúpido! Podría ser la respuesta, al estilo del expresidente Bill Clinton, cuando un comunista proclama que Perú es inviable con la actual Constitución Política. ¡No, amable lector! El problema no es la Carta del 93. ¡El problema son los gobernantes! Lo prueba la reacción que tuvo este país desde su promulgación en 1993. Atravesábamos por una ciclópea crisis socioeconómica y veníamos de unas polarizadoras elecciones que dejaron averiada a la clase política.

Además, desde 1980 arrastrábamos incesantes, sanguinarios ataques terroristas que habían logrado paralizar a medio Perú, y ya sendero luminoso amenazaba tomar el control de la capital. Sin embargo, las cosas en este país pegaron un giro de 180 grados. Tanto que en 1994 Perú era la antítesis de lo que fue en 1990.

En cuatro años esta sociedad consiguió revertir las cosas y multiplicar su desarrollo como nunca en su historia lo había conseguido. Pero, por encima de todo, lo que logramos fue un cambio de actitud entre la población, que reconoció que su futuro no estaba en la crisis ni en pendencia; sino en un Estado de emprendedores rodeados de estabilidad económica. jurídica, política y social, normado por una Constitución anclada sobre la libertad, competitividad, el orden y esfuerzo. Y, además, reconociendo que el Estado peruano no podía seguir siendo el ente al cual sus políticos usaban para proyectar ideas esquizofrénicas, ajenas a nuestras posibilidades.

Ejemplo, rellenarlo de empresas públicas que, como globos de aire, servían para todo. Aunque en la práctica eran feudos politiqueros rellenos de una burocracia inepta, costosa, díscola y contestataria “amiga del régimen”. Y para financiar aquel sueño de opio socialista, lo que hacían los políticos era asaltar a los contribuyentes obligándoles a pagar más impuestos para atender esa gigante, inútil, costosa maquinaria denominada Estado elefantiásico, que arrastraba una carga demasiado pesada como para permitir que un día nuestra país pudiese prosperar.

El caviar Toledo aprovechó el progreso socioeconómico en paz desarrollado por Fujimori. Pero lo hizo robándole US$35’000,000 al Perú. El corrompido Humala desde el Ejecutivo -y Susana Villarán desde la MML- no aportaron nada al progreso suyo, amable lector, ¡Aunque robaron a raudales! Decenas de millones de dólares para sus alforjas y miles de millones en sobrecostos para beneficiar a sus contratistas. Kuczynski hizo lo mismo.

Igual Vizcarra desde la gobernación moquegana. ¡Está por verse su paso por el Ejecutivo! Todos estos expresidentes hicieron obras. Varias faraónicas, como refinería Talara US$6,000 millones; Juegos Panamericanos: US$1,500 millones; Interoceánicas US$ 5,800 millones; Metro US$7,800 millones, etc. Pero, claro, robaron -y dejaron que terceros roben- miles de millones durante 20 años. Ahora los comunistas quieren hacer lo mismo y, además, transformar las estructuras porque “no funciona esta Constitución.” ¡Falso! Gracias a esta Constitución Perú tuvo fondos propios para hacer enormes inversiones; algunas útiles, otras no. Pero todas con sobrecostos para dichos expresidentes y para sus socios constructores.

Hoy ni siquiera somos capaces de elegir a los tribunos del TC, o completar el JNE. El problema no es la Constitución. ¡Son los políticos, estúpido!

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