Vivimos un momento conformacional. Comenzó con “discursos” en la campaña electoral y la situación se agrava con el nuevo gobierno. La falta de confianza ha determinado la fuga de capitales extranjeros y nacionales y nuestra moneda va incrementando su devaluación, lo que encarece los precios en el mercado. No hay nuevas inversiones que instalen plantas de producción, tampoco se reabren centros de trabajo. La consecuencia la sufren las capas sociales pobres por la carencia de empleo porque no se reabren centros de trabajo ni hay nuevos.

Es necesario que, asegurando imprescindibles garantías de respeto, se atraigan a empresarios peruanos y extranjeros que inviertan en la creación de importantes centros de producción para cubrir los mercados nacionales e internacionales creando miles y miles de nuevos puestos de trabajo con remuneraciones aceptables y respetando las leyes nacionales. El “reparto” de dinero del erario nacional “para ser popular” no soluciona la pobreza. ¡Démosles empleo a los pobres!

La apertura a inversionistas internacionales no contraviene las posiciones ideológicas de gobernantes. En 1978 con Deng Xiaoping, sin renunciar en lo mínimo a su concepción ideológica, en China introdujo reformas económicas con el socialismo con características chinas, e inició el gran cambio con la descolectivización de la agricultura, la apertura del país a la inversión extranjera y el permiso a emprendedores para iniciar empresas. Su objetivo fue transformar la economía para convertirla en una socialista de mercado. El pueblo chino comenzó a salir de la pobreza. Actualmente es la primera economía estable del mundo. Otro ejemplo es Vietnam, que tras la guerra de su independencia va hacia una economía abierta; el objetivo de sus autoridades es ir a la modernización y se va recuperado ampliando y atrayendo industrias competitivas con miras a la exportación.

Vivimos en un “banco de oro”, tenemos riquezas por doquier. Bien, hagamos que ese banco sea objeto para que empresarios inversionistas produzcan bienes y servicios para el mercado nacional e internacional generando puestos de trabajo para salir de la pobreza. No se pide a los gobernantes que ignoren sus concepciones ideológicas, sino que promulguen normas legales para atraer a inversionistas dándoles confianza y seguridad que sus inversiones y ganancias serán respetadas; que ellos establezcan grandes centros de trabajo. Las riquezas naturales hay que transformarlas e industrializarlas para la exportación. El resultado será generar más riqueza nacional, robustecer el erario estatal para servir eficientemente a los peruanos.

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