Subsiste todavía un clan que se atribuye representar a lo que indebidamente llama “la prensa peruana”. Empecemos por esto último. No existe “una” prensa peruana. Lo que exhibe hoy el Perú son dos categorías periodísticas claramente definidas. Aquella que en forma objetiva, verdadera e independiente exhibe un auténtico concepto informativo registrando los hechos a través de algún medio escrito, radial o televisivo, etc.; y otra que, por depender de intereses ajenos al oficio, lo hace manipulando la noticia adecuándola a realidades reñidas con la realidad. De manera que la opinión pública necesita saber la verdad. Y esta empieza por aclarar que ese llamado consejo de la prensa peruana es un cartel conformado por empresas que no practican el periodismo cumpliendo los cánones tradicionales y éticamente establecidos para desempeñar esta disciplina. En realidad, este tal consejo de la prensa peruana encarna a la antítesis del periodismo. Porque su objeto estriba en defender los intereses de un trust de empresas mediáticas que cumplen una misión informativa ciertamente interesada, dependiente, parcializada y engañosa. Más claramente, una función desinformativa, establecida para cumplir con las necesidades de los propietarios de aquellas empresas mediáticas. Tan falsario es el rol del “consejo”, que se da el lujo de exhibir un eslogan de la CIDH –alma mater suya- que indica: “Es posible afirmar que una sociedad que no está bien informada no es plenamente libre”. Cuando es de pública comprobación –diaria, horariamente- por la ciudadanía que este cartel mediático desinforma en forma descarada, acatando todas las órdenes que recibe del gobierno Vizcarra -a cambio de recibir miles de millones de soles anuales trasegados bajo el manto corrupto de facturas por “publicidad estatal”- para intoxicar al país con la “verdad oficial”. Precisamente el significado de la mentira.

Para mejor comprensión de las cosas, el lector debe saber que el consejo de la prensa peruana lo integran Rpp, Cosas, Comercio, Canal N, República, Semana Económica. Es decir el antiperiodismo que opera como camorra del gobernante de turno, haciendo las veces de alcahuete al servirle como parlante oficialista subsidiado por los sufridos contribuyentes. No obstante este clan oligárquico formado por unas cuantas empresas del gremio se arroga la representación de “la prensa peruana”. ¡Por favor! Empecemos aclarando que esto es falso. Absolutamente falso.

No contentos con semejante engaño, los dueños de ese “consejo” son tan pusilánimes que han reformado el “tribunal de ética” de su club, infestándolo de progre-marxistas presididos por Diego García Sayán, un activista que pretendió silenciar a EXPRESO querellando a este escriba. Y aunque su pretensión fue ignorada por jueces probos, el hecho es que, en esencia, este sujeto no tiene pergaminos para ejercer función alguna relacionada con el periodismo. Fundamentalmente, el periodismo libre. Otra prueba de que el mal llamado consejo de la prensa peruana es cualquier cosa, menos eso.

Esta organización farisea deberá cesar en su embuste a las entidades privadas y públicas, ante las cuales comparece como el ente que representa a la prensa peruana. El verdadero periodismo se fundamenta en la verdad. Jamás en la trampa.