A lo largo de mi experiencia como director de empresas tuve la suerte de conocer diferentes realidades empresariales, generalmente trabajaba con empresarios “autoempleados”, quienes si bien eran dueños de su compañía, básicamente lo que habían logrado era generarse un puesto de trabajo eterno, ya que si ellos no estaban, el negocio no caminaba; estaban también los “hipertecnológicos”, quienes generalmente superaban los cincuenta años y habían entendido que sin tecnología no hay futuro, por ende querían convertir todo lo que fuese posible en una herramienta tecnológica (me han llegado a preguntar si debían reemplazar a su secretaria por un aplicativo); pero había un perfil de empresario que siempre me costó entender, aquel que era dueño de más de una compañía y, sabiendo que tenía una que no era nada rentable por años, la mantenía viva… casi como tenerla conectada a un balón de oxígeno, sin hacer nada más para cambiar su realidad, sólo era la resistencia a decir “se acabó”.

Este proceso al cual nos hemos sometido a causa de la pandemia, donde nuestros negocios se han visto afectados por las restricciones propias de la cuarentena, por el cambio de los hábitos de consumo de nuestros clientes, por las nuevas condiciones de distanciamiento social, entre otros, nos ha llevado a muchos a enfrentar una muy difícil decisión, seguir luchando por nuestro negocio o cerrarlo definitivamente. Les aseguro como empresario que esta pregunta ha estado rondando por nuestras cabezas en los últimos meses, ese no es el problema, el problema está en que aceptemos entrar en una situación de no progreso permanente, en una suerte de supervivencia sin miras a mejorar sustancialmente en los próximos meses.

Es cierto, cuando nos da covid, algunos sufren los síntomas de tal forma que los lleva hasta perder la vida, pero en ese proceso, algunos tenemos la opción de asistir a un centro de salud y lograr tener acceso a cuidado intensivos y una cama UCI… y eso nos termina por ayudar y recuperarnos en muchos casos. Lamentablemente, esto no aplica para nuestras compañías, no hay “cuidados intensivos”, y creo que no deberíamos caer en esas situaciones de mantener a flote un negocio por el solo hecho de no cerrarlo, si lo sostenemos, preocupémonos por generar esas acciones que van a permitir que salgamos del estado actual y empezar a mejorar hacia adelante, sino vemos luz de mejora, es mejor apostar por una nueva alternativa. Son épocas de decisiones difíciles, asumamos nuestro rol de empresarios y definamos si salimos adelante o cerramos el negocio, cualquier otra decisión sería como votar por un gobierno de izquierda en un país en vías de desarrollo… o sea una MUY MALA DECISIÓN. Buena semana para todos.