Este parece ser un gobierno al que “no le entran balas”, expresión popular que describe a quien se resiste a aceptar consejos y críticas y es que a pesar de los desaciertos del Ejecutivo (en su mayoría designaciones de altos funcionarios), cuya inconveniencia la prensa de investigación y la clase política han hecho notar al presidente Castillo, éste permanece impávido, en silencio, con un inexplicable “perfil bajo”. La actual gestión parece empecinada en defender sus decisiones “ERGA OMNES” (contra todos), poco o nada le perturba el acelerado desgaste político que viene sufriendo pese a tener 37 días en el poder; a todas luces le hace falta un “cable a tierra” que le conecte con el sentir de la población y le haga recordar permanentemente que el “poder” es transitorio, tiene plazo cierto de caducidad, por lo menos en el papel tratándose de la presidencia del Perú, cinco años sin reelección inmediata.

El último suceso que ha causado gran revuelo ante la opinión pública tiene como protagonista nada menos que al presidente del Consejo de Ministros y también congresista Guido Bellido, en un evento de agresión verbal de contenido misógino en contra de la parlamentaria Patricia Chirinos, suscitado según ha narrado ella, en los actos preparatorios para jurar al cargo de congresista del Período Parlamentario 2021-2026, cuando se encontraban seleccionando sus oficinas. Esta agresión que nos remonta a la sensible problemática de la “violencia de género”,  ha puesto en evidencia el alto grado de permisividad a actos sexistas contra las mujeres, pretendiéndose ningunear, edulcorar, maquillar como broma, este maltrato verbal con alto contenido discriminatorio en agravio de la señora Chirinos, por el solo hecho de ser mujer. Y lo más triste de todo esto es que esa tolerancia se ha presentado entre las mismas mujeres, que estima esta columnista tienen internalizado el chip del machismo, sin que ellas mismas sean conscientes de ello.

El supuesto agresor, como es de estilo, ha negado los hechos, es más se ha victimizado señalando, palabras más palabras menos, que “ella lo miró mal en la sesión del voto de investidura”, argumento por demás risible; pero ha ido más allá, ha pretendido politizar su defensa, agudizando las contradicciones (entre izquierdas y derechas), tema de su especialidad dado que es del ala radical del partido de gobierno de ideología de izquierda, argumento también recogido por muchos(as) de sus correligionarios(as). Todos estos cuestionados argumentos para justificar la violencia contra la mujer vulneran los Derechos Humanos, principios universales que de forma personal u organizada ese sector de la izquierda se precia haber defendido y enarbolado. ¡Que cada quien saque sus conclusiones!

Entre tanto arriba en las alturas, en Palacio de Gobierno, no pasa, ni pasará nada, las mujeres somos cuasi inexistentes, hay que empezar a asumirlo.

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