Estas líneas me salen del hígado, el corazón, pero con esfuerzo, controladas por mi cerebro.
Un buen amigo tiene, con Covid-19, en cuidados Intensivos de un hospital del Estado, a una persona que estima mucho. La credibilidad de mi amigo la demuestra el hecho de que, durante muchos años, ocupa un cargo que no ocupara si no la tuviera. Por lo anterior, pongo la mano al fuego por la veracidad de lo que me ha contado.
La persona enferma está muy grave y requiere remedios para poder tener la oportunidad de salvar su vida, de más está decirlo que ella es de una clase media de nivel de vida mediano.
En el hospital le han dicho que los cuidados intensivos le pueden dar cama, oxígeno, respirador artificial, cuidados médicos, pero no remedios, los mismos que tienen que ser procurados por el paciente.
Esta generalizada realidad ha hecho que en las boticas no existan los remedios que se requieren porque la demanda por ellos es mayor que su oferta, razón por la que se ha producido un descomunal aumento de precio porque la falta de oferta ha generado especulación.
Solo en la mente de un controlista puede existir la creencia de que con medidas controlistas se puede bajar el precio de unos remedios cuya oferta es menor que su demanda cuando la única solución es hacer que su oferta sea igual o mayor que su demanda. Se debe saber que si la oferta es menor que la demanda porque existe especulación de algo en el mercado, la solución está en sancionar severamente a los acaparadores, pero que si libremente la demanda por los remedios es mayor que la oferta la única manera de solucionar el problema es aumentar la oferta de los mismos, pero como no se hace ni lo uno ni lo otro es el Estado el responsable por los muertos que se le atribuyen al Covid-19 cuando muchos de ellos son atribuibles a la ineficiencia de la prensa acaparada porque ella tiene la función social de hacer conocer los errores que cometen los políticos que gobiernan para que le teman a la opinión pública. Pero si los medios acaparados reciben dinero del gobierno para ocultar su ineficiencia, la prensa también asume la responsabilidad por las muertes que no hubieran ocurrido si ella hubiera cumplido la función social que le corresponde.