El Congreso está presidido ahora por un miembro de la bancada del Frente Amplio, que encabeza Marco Arana.
Esa bancada empujará ahora su agenda política con las prerrogativas de la Presidencia de la Mesa Directiva, que no son pocas. Incluyen el control de la agenda del Pleno. En efecto, la Presidencia define en qué orden se debaten los temas de la agenda que los portavoces de las bancadas proponen. Y el orden de los factores suele decidir el destino de las cosas.

Las numerosas iniciativas demagógicas de este Congreso -que son aún peores que las del anterior- lejos de disminuir con la Mesa actual probablemente van a aumentar. Y el Ejecutivo de Sagasti es el que va a tener que pararlas.
Como sabemos de sobra, el Congreso en el Perú prevalece siempre en el conflicto de poderes porque puede insistir en una ley observada por el Ejecutivo con solo la mitad de los votos de la única cámara. Esta es un arma letal contra la que el Ejecutivo no tiene defensa.

Ahora bien, ¿va a tener Sagasti la presencia de ánimo y la voluntad de hierro que hacen falta para prevalecer sobre la demagogia del Congreso, que va a recrudecer? ¿Cómo lo haría? Sus discursos en defensa de la responsabilidad fiscal en el Congreso no lograron detener ninguna de sus iniciativas demagógicas. Sagasti ya ha sido categorizado como intelectual, no como político. Y sabemos de sobra el desprecio en que la clase política tiene a los intelectuales.

El Congreso va a poner a prueba el carácter de Sagasti a diario. Al principio tantearán un rato y luego, si no responde firmemente, le perderán el respeto y se le irán encima. Como las reglas del equilibrio de poderes son fallidas, prevalecerá la fuerza.

Vizcarra frenó algunas iniciativas demagógicas del Congreso recurriendo al Tribunal Constitucional, o toreándolas incluso compitiendo en demagogia. Ese fue su modus operandi. Es temprano para conocer las consecuencias fiscales de eso. Pero Sagasti ya nos ha adelantado que el Perú tendrá que endeudarse adicionalmente en 30 mil millones de soles para financiar el Presupuesto 2021. La deuda era de 27% del PBI antes de la pandemia y es de 39% por ciento después de ella. ¿Cuánto más puede endeudarse el Perú?

¿Está dispuesto Sagasti a corregir el déficit fiscal, a recortar el gasto, a aumentar los ingresos a como dé lugar? ¿O va a convivir simplemente con el déficit más grande de la historia de la República y dejarle el ajuste al próximo presidente?

Francamente, yo no prestaré atención a lo que diga al respecto. Esperaré a ver lo que haga, diga lo que diga.