La derogatoria de la Ley de Promoción Agraria es consecuencia de la misma razón fundamental por la que Francisco Sagasti llegó a la Presidencia de la República: la puja inepta y miope de los partidos con bancada parlamentaria para acomodarse a las protestas ciudadanas bajo la guía extremista, y no tan miope ni inepta, de la izquierda marxista que lleva la pauta sin representar, de manera alguna, el pensamiento real de quienes salen a las calles y cierran las carreteras.

Veamos: Sagasti, perteneciente a una minoría congresal, fue elegido Presidente del Congreso estrictamente porque no había votado favor de la vacancia del Presidente Vizcarra. Lo designó el Partido Morado -extraoficialmente el partido del régimen vizcarrista- luego de marchas y contramarchas entre las que propusieron el retorno del propio Vizcarra al Poder y fue consecuencia de un sesudo análisis de la izquierda marxista que puso contra la pared a los otros grupos parlamentarios que hoy integran el Congreso de la República, que siguen sin dar pie en bola.

El resultado adicional: queda como Presidenta del Congreso una representante del Frente Amplio y, en el gobierno, el Partido Morado manejado por la izquierda caviar.

Lo que buscaban legítimamente los trabajadores agrícolas iqueños era la eliminación de los services que realmente los explotaban. En consecuencia, pese a su exigencia de derogar la Ley de Promoción Agraria, el reclamo iba en contra de quienes violan la ley y, en todo caso, hubiera bastado con eliminar los artículos referidos al régimen laboral de dicha norma, tal como lo propuso el propio Sagasti.

Pero la izquierda marxista una vez más se salió con la suya y la ley ha sido derogada, para su extrema satisfacción, con una visible incongruencia: al eliminarse el régimen tributario especial por el cual las agroexportadoras pagaban 15 % de impuesto a la renta en lugar de 29.5 % se reducirá la distribución de utilidades a los propios trabajadores. Claro. ¡han formado una comisión para sacar una nueva ley!

Todo este contrabando comunista tiene una clara finalidad: conducir al Perú a un sistema estatista inaceptable y obsoleto y contrario a los intereses de las propias clases trabajadoras que dicen defender.
No pasarán.

Presidente de Perú Nación-Presidente del Consejo por la Paz (cl)