Atravesamos una gravísima crisis sanitaria, económica y social y, por si fuese poco, ahora los que se supone son los Guardianes de la República como diría Platón la empeoran agregando el caos político que se originaría en un par de días de producirse la vacancia del jefe de Estado por presunta incapacidad moral declarada por el Congreso. Y a este precipicio hemos llegado por responsabilidad del Ejecutivo y Legislativo por igual. El Primer Mandatario por abochornar al país en su papel de patético protagonista de unos audios que, por lo menos, demuestran que no fue veraz al declarar sobre el repugnante “affaire Swing” y que exige que la Fiscalía de la Nación estime abrir una investigación preliminar a fin de determinar si corresponde acusarlo al término del mandato presidencial. El Parlamento y, en especial, el inefable congresista Alarcón, de la mano con el titular del Legislativo -¿aprendiz de golpista?- por precipitar la admisión a trámite de la moción de vacancia sin concluir la pesquisa debida y llevado por intereses subalternos creyendo que el Congreso se encuentra legitimado para aplicar la causal de incapacidad moral como les da la regalada gana.

Es verdad que esta polémica causal de marras forma parte de la Constitución Histórica del Perú desde los inicios republicanos y también que la decisión sobre ella es política y recae en el Poder Legislativo, pero siendo así la determinación que adopte no puede ser arbitraria y desproporcionada como viene ocurriendo. Ya el TC en una señera sentencia (Exp. No. 0006-2003-AI/TC), resolvió que el legislador en el ejercicio de sus atribuciones y competencias está obligado a actuar razonablemente y sin desvincularse del irrestricto respeto a los derechos y garantías del ordenamiento constitucional y democrático. Lo contrario, es abuso de derecho aquí y en la Cochinchina y debe merecer hoy el repudio de la ciudadanía y mañana del electorado en los comicios generales del próximo año.

Confiamos que el Parlamento recapacite y, si no, que el TC lo vuelva a poner en su sitio a tiempo. Empero, sea lo que pase, la autoridad de la Presidencia de la República ha quedado penosamente mellada. ¡AMÉN!