A estas alturas de la pandemia y en medio de la segunda ola, tenemos 11,000 contagiados diariamente, 50,000 muertos según cifra oficial (100,000 sin maquillaje gubernamental), carencia de oxígeno crónica y falta de camas UCI. La adquisición de las vacunas para enfrentar este mortífero mal sigue en el misterio y la inoculación es lentísima.

Vacunarse rápido es urgente, principalmente porque las cepas mutan a la velocidad del rayo y en el mundo se anuncia una tercera ola. El Presidente Sagasti y la Premier Bermúdez insisten en repetir que siguen negociando la compra de 38 millones de vacunas Sinopharm cuando su eficacia es más que dudosa.

Para los científicos, el “Vacunagate” invalidó el estudio de tercera fase de la Universidad Cayetano Heredia (UPCH). La propia empresa Sinopharm ha señalado su inoperancia. Coralith García, a cargo del estudio de Sinopharm, luego del despido de Germán Málaga, y de reconocida ética ha renunciado. Probablemente por la corrupción observada.
En los Emiratos Árabes cerca del 60% de quienes fueron inoculados con Sinopharm requiere una tercera dosis. En

Digemid los únicos estudios sobre este producto provienen de China. Sería ignorancia desconocer el importante valor de las industrias del gigante oriental y la pujanza de ese país. Pero, en este caso, comprar vacunas no confiables va en contra de la salud de los peruanos. Además, son bastante más caras que otras.

En los corrillos médicos se sabe que un grupo de importantes laboratorios traerán pronto una prueba que detectará si los inoculados tienen los anticuerpos generados por la vacuna Sinopharm, permitiendo establecer su verdadera efectividad. Se tomará 15 días después de la segunda dosis y se aplicará a un número importante de médicos privados vacunados con Sinopharm. En buena cuenta reemplazaría al estudio de fase tres.

Como comentó un galeno experimentado: “Esta prueba permitirá determinar la validez de la Sinopharm o ni sirve para sonarse los mocos”. Comprar 38 millones de dosis a China antes de conocer estos resultados es engañar a la ciudadanía y traficar con su vida.

Sagasti y sus ministros deben cancelar la promesa de compra a China y voltear los ojos a mejores productos, comprarlos rápidamente y proporcionar, de una vez por todas, tranquilidad a los peruanos. Vivimos en zozobra, todos los días conocemos de dos o tres amigos infectados con el virus y de otros muertos.

Es absolutamente inmoral que los médicos y el personal técnico de primera línea, así como los de otras especialidades, estén al vaivén de los oscuros manejos que rodean a la vacuna Sinopharm desde el gobierno de Vizcarra y que continúan hasta hoy.

Sagasti debería acelerar la venida del ‘kit’ de laboratorios privados para detectar si realmente la Sinopharm produce anticuerpos contra el virus y actuar en consecuencia. Si no, confirmaremos que algo se pudre en el Perú.