Con gran entusiasmo anunció una congresista de Juntos por el Perú, la presentación de un proyecto de ley para despenalizar el aborto. Como si de un derecho se tratara, anunciaron con ímpetu la ilegal propuesta que amenaza un bien jurídico por excelencia protegido por el Estado, como es la vida humana.

Ante este nuevo atentado contra el valor supremo de la vida, se activó una rápida respuesta de parte de Renovación Popular, suscitándose una convocatoria en defensa del concebido en las afueras de Palacio Legislativo, el último miércoles.

Son varias las falacias que la contraparte ofrece como excusas para ver en este delito alguna falsa bondad: 1) La presunta autonomía de la mujer sobre su cuerpo, 2) El concebido no sería persona, 3) Solo se aplicaría en algunos casos. Sobre esto, analicemos.

El concebido goza de una identidad genética única e irrepetible, y una personalidad independiente de la de su madre. El Art 1° de la Declaración Universal del Genoma Humano y de los Derechos Humanos, señala que: “El genoma humano es la base de la unidad fundamental de todos los miembros de la familia humana y del reconocimiento de su dignidad y diversidad intrínsecas”. El concebido tiene una carga genética independiente de la de su madre, dentro de la especie humana. Por tanto, el concebido es un ser humano, con derecho a que se reconozca su dignidad intrínseca ya establecida.

Nuestra propia Carta Magna establece en su artículo 2° núm 1 que toda persona tiene derecho: “A la vida (…). El concebido es sujeto de derecho en todo cuanto le favorece”. El Código Civil en su Art 1° prescribe que “se considera niño a todo ser humano desde su concepción hasta cumplir los doce años de edad (…)”. Nótese que estos derechos están enmarcados en el apartado: “Derechos fundamentales de la persona” o “Principio de la persona”, teniéndose por resuelto que el niño por nacer es indiscutiblemente una persona; y todos los tratados de derechos humanos tales como la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Convención sobre los derechos del niño, la Convención Americana de los Derechos Humanos, establecen que la vida humana se inicia en la concepción, no hay dudas sobre ello. Por eso mismo en virtud del ius puniendi del Estado se sanciona a la propia madre que atenta contra la vida del concebido, porque es sujeto de derecho.

Desde el Congreso defenderemos siempre la vida del concebido, y bregaremos también por proteger a la madre gestante para que no tenga que renunciar por problemas estructurales al alumbramiento de su propio hijo.

Ambas vidas tienen una dignidad inherente. ¡Salvemos las dos vidas!

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