Hace unos pocos días, el ex gerente municipal de la comuna -bajo el mandato de la señora Villarán- echó tierra a tirios y a aqueos en su declaración al Ministerio Público. Uno hubiera esperado -ya acostumbrado al juridicidio consuetudinario- que de inmediato algún fiscal superstar pida 36 meses de prisión preventiva contra los mencionados y que un juez tan lúcido como el señor Concepción entregue la medida que la parte reclama. Pero nada de esto ha pasado. Muy ponderadamente la señora Marisa Glave ha deslindado de lo dicho por “Budián”, y el resto de señalados ha guardado sepulcral silencio. Esto significa que los señalados de haber recibido de la corrupción vayan a tener que acudir al proceso y a responder ciertas preguntas de la Fiscalía y del propio magistrado que lo ayuden a formar convicción. Y sobre esa convicción decidirá la suerte de los imputados. Parece que se harán las cosas como en un país civilizado.

Y está bien. Todos los imputados son inocentes hasta que juez demuestre lo contrario mediante sentencia firme y cosa juzgada. Han hecho bien los fiscales en no pasearse de estudio de televisión en estudio de televisión y en llevar el proceso respetando la tutela jurisdiccional efectiva; lo que pasa es que no a todos los peruanos se les trata de esa manera. Si no estuviésemos hablamos de la señora Glave, sino de un exfuncionario aprista o fujimorista, sospecho que la fiscalía no hubiera sido tan -justamente- puntillosa en respetar el debido proceso. Recordemos nomás cómo con la sola confesión de algún (otro) pillo varias personas han pasado años de prisión en este país. Se ha abusado de las prisiones preventivas a un nivel nunca visto y a nadie se le ha pedido una defensa en donde la fiscalía debe probar su culpa, sino que el imputado debe demostrar su inocencia. Con frecuencia se habla en nuestros días de las instituciones.

Lo curioso es que el juicio de la opinión pública suele cernirse, ahora sí, en el gobierno golpista de Martín Vizcarra -ese mismo que hace unos meses lo aplaudían en comparsita y regalaban aplausos desde los techos (aunque solo los aristogatos; no todos tienen techo en Lima)- y en el congreso circense que tenemos bautizado ya por varios coleguitas de teclado fácil como el “peor congreso de la Historia”, epíteto también suscrito por la juiciosa opinión pública. La pregunta que yo me hago es… ¿Por qué siempre su juicio se escapa al del Poder Judicial y de la Fiscalía que en los últimos años han sido actores principales de la escena política, sin todavía haber logrado una condena relevante o alguna acusación? ¿Es porque no saben cómo funciona un proceso judicial o porque simplemente les parece que el fin justifica los medios y ya? Espero, de todo corazón, que la mafia de las Chalinas Verdes -la única gestión corrupta por confesión propia hasta el momento- sea tratada como ha venido siendo.

Porque está bien. Es justo, correcto y necesario. Si más procesos se llevasen como este (hasta ahora) sería más fácil de volver a confiar en la imparcialidad del sistema de justicia. Y no importa que quienes se están viendo beneficiados de esta forma correcta de proceder estén en las antípodas de mi pensamiento. Yo estoy seguro de que Susana Villarán acabará presa. Y estoy seguro de que varios de sus compinches también. Pero lo que yo opine no puede ser relevante para un sistema de justicia. Ahora: esperamos también que esta manera de actuar de la fiscalía se haga extensiva al resto de casos. El señor fiscal José Pérez, a quien la cuarentena parece haberle causado un severo brote de abstinencia mediática, puede bien iniciarse en la práctica del yoga o de cualquier disciplina que calme su espíritu de supuesto justiciero. O podría, mejor todavía, ser un justiciero de verdad y presentar una sola acusación en lugar de estar pidiendo medidas cautelares. Sin ofender, señor fiscal Pérez. Tómeselo deportivamente y haga su chamba nomás. Menos entrevistas y más acusaciones. Me parece lo justo… Finalmente para eso le pagamos los peruanos.