La posibilidad de que Pedro Castillo, político marxista-chavista, gane los comicios presidenciales del 6 de junio, ha hecho posible que partidos y personalidades distantes o confrontadas cierren filas y se unan solidariamente en defensa del Estado constitucional de derecho, del sistema democrático y de las libertades cívicas.
Así sucedió en 1879, durante la infausta guerra con Chile, cuando los peruanos hicieron un alto a sus confrontaciones, enterrando odios y malquerencias, para ir unidos al campo de batalla a defender a la patria agredida por un enemigo externo, que finalmente nos arrebató 70 mil kilómetros cuadrados de territorio. Unidad que también se forjó contra el terrorismo, letal movimiento subversivo que pretendió hacerse del poder a través de bombas y balas, provocando la mayor matanza de nuestra historia.
El peligro enciende las alarmas, activa la adrenalina, convoca a la reflexión, despierta la inmensa fuerza de supervivir ante un inminente riesgo de destrucción masiva, como sucede ahora, cuando conocemos que, de ganar Castillo, su gobierno arrasaría con la carta fundamental, el Tribunal Constitucional y la Defensoría del Pueblo, expropiaría empresas, anularía tratados de libre comercio, cerraría las puertas a capitales foráneos; y, lo mas grave y humillante, nos convertiría en país satélite del régimen corrupto y genocida de Nicolás Maduro para integrarnos al eje marxista de Bolivia, Cuba y Nicaragua.
Esa letal posibilidad hizo que Mario Vargas Llosa, el más firme opositor del fujimorismo, no titubeara en anunciar su voto por Keiko Fujimori; que Rafael López Aliaga desplegara una admirable cruzada democrática recorriendo el interior del país para advertir a los pueblos qué significa el advenimiento de un régimen comunista; que muchos apristas se comprometan en esa lucha por consideraciones ideológicas y programáticas, por consecuencia con las enseñanzas de Haya de la Torre, y porque resultaría imposible olvidar a 1300 compañeros asesinados por Sendero, cuyo brazo legal, el Movadef, es puntal de la agrupación de Pedro Castillo.
No dudamos que más adelante los partidos democráticos como el APRA, PPC, Acción Popular, Alianza para el Progreso y otras fuerzas opositoras a sistemas totalitarios, reunidos en plenarios o convenciones, decidirán integrarse a esta cruzada cívica para evitar que en el bicentenario de la independencia flamee en Palacio de Gobierno una bandera roja con la hoz y el martillo.
Solo unidos y movilizándonos podremos vencer.
En ese despertar de la apatía es significativo que empresarios, comerciantes trabajadores y ahora la mayoría se medios se comunicación cierren filas y hablen con voz alta contra el enemigo común.
Silenciosamente se está construyendo, así, la unidad nacional, indispensable para que desde el 28 de julio concertemos dentro de la disidencia para superar el descalabro económico, social y sanitario que vamos a heredar; para luchar contra la corrupción que debe implicar un acuerdo para que Odebrecht y otras empresas depredadoras no trabajen más con el Estado y paguen compensaciones económicas por el daño causado; que contemos con un Poder Judicial y Ministerio Publico independientes; que garanticemos las inversiones nacionales y extranjeras indispensable para crear empleo y atender las necesidades de los sectores económicamente más pobres. Si actuamos unitariamente, con grandeza y generosidad, habremos salvado al Perú de una catástrofe política y abriremos un nuevo capítulo en la historia nacional.

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