“El sueño del pongo” es un cuento quechua de José María Arguedas. Se trata de un texto que parte de una narración oral que el autor habría escuchado a un comunero cusqueño. En la historia, el pongo es descrito como “pequeño, de cuerpo miserable, de ánimo débil, todo lamentable; sus ropas, viejas”. Además, tiene que soportar los maltratos y humillaciones del patrón delante de toda la servidumbre. “¿Eres tú gente u otra cosa?”, le dice cuando se presenta ante él.
Un día, el pongo le pide que le permita contarle un sueño que ha tenido. Ambos, luego de haber fallecido, se presentan ante el padre San Francisco. “Viéndonos muertos, desnudos, juntos, nuestro gran Padre San Francisco nos examinó con sus ojos que alcanzan y miden no sabemos hasta qué distancia. A ti y a mí nos examinaba, pesando, creo, el corazón de cada uno y lo que éramos y lo que somos”. Luego, el santo ordena que un ángel embadurne el cuerpo del patrón con miel “y te erguiste, solo; en el resplandor del cielo la luz de tu cuerpo sobresalía, como si estuviera hecho de oro, transparente”; mientras que el cuerpo del pongo sería cubierto de excremento “y aparecí avergonzado, en la luz del cielo, apestando”. Sin embargo, una vez cubiertos completamente, les ordena lamerse mutuamente, despacio y por mucho tiempo y encargó a un ángel vigilar para que su voluntad se cumpliera.
El pongo, ese ser que representa el más siervo entre los siervos, ese ser minimizado y humillado, busca, incluso hoy, una reivindicación. Y es que el patrón existirá en la medida en que el pongo exista. Es decir, el poder del patrón es tal porque existen pongos que están a su servicio y bajo su explotación. Entonces, el poder se acrecienta, se fortalece, se hace inalcanzable. La vida misma se ve reflejada en ello. Hoy se celebran doscientos años de independencia, pero al interior, en nuestras propias relaciones, continúa la corrupción, la opresión, las injusticias, los abusos de poder, y nosotros, los pongos, seguimos por debajo de todo, excluidos e inexistentes.
Mientras haya pongos que no liberen sus sueños y los hagan realidad para mover y trastocar el centro, habrá patrones que los seguirán oprimiendo. Sin embargo, la realidad va más allá de los sueños. Es cuestión de actitud y, sobre todo, de decisión; de lo contrario, a pesar de la independencia, seguiremos siendo pongos de un sistema que no tiene intenciones de cambiar y que terminó lamiendo su propia miel.

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