El presidente Martín Vizcarra, firmó el decreto supremo que convoca a elecciones generales para el 11 de abril del 2021. Ese día los peruanos iremos a las urnas para elegir al presidente, vicepresidentes, congresistas y parlamentarios andinos.

Entramos así a una nueva etapa en la vida política del país, en circunstancias muy especiales, en la que la población se siente atemorizada por la presencia invisible del Covid-19 que no desaparece y que, por el contrario, amenaza con seguir expandiéndose. Las condiciones no son pues nada normales, en relación a otros procesos electorales en los cuales se podían tener espacios para la exposición de planes y programas de gobierno y el debate de los mismos por parte de los candidatos en calles y plazas públicas, auditorios abarrotados de simpatizantes, espacios adecuadamente acondicionados para recibir masivas concentraciones. Nada de eso se podrá ver en esta oportunidad. Y, según como vayan las cosas, quizás se autoricen pequeñas reuniones en las regiones menos golpeadas por la pandemia.

En un contexto así, todo dependerá del ciudadano que deberá tener en sus manos la altísima responsabilidad de decidir, con su elección consciente y responsable, los destinos de nuestro futuro democrático. Hoy, mucho más que nunca. Todo dependerá de la elección que realice el 11 de abril. Nuestra democracia está pasando por una experiencia inédita que no habíamos vivido en los últimos lustros, en la que la incertidumbre y el asombro vienen a ser el sustento de cada día, con grave perjuicio para el sistema que se ve golpeado en lo económico, en lo moral, en lo político propiamente, a los que se suma esta crisis en la salud de nuestro pueblo, que no sabe cómo responder al saberse atacado por el virus.

Cada cierto periodo, se nos consulta para cambiar a nuestras autoridades, este legítimo derecho tiene que ser, ahora, mucho más responsable, no sólo por la experiencia política que nos ha tocado vivir, sino por la otra crisis social que padecemos a consecuencia de la pandemia que tenemos que enfrentar, todo lo cual nos obliga ejercer nuestro derecho al voto informado y responsable. Pero, ¿qué tan en serio tomamos esta responsabilidad? ¿Cuánto sabemos evaluar los perfiles de quienes pretenden representarnos? Las estadísticas indican, lamentablemente, que, en su momento, no supimos responder adecuadamente y que después vienen los lamentos por nuestras decisiones equivocadas.

Es una responsabilidad pendiente, entonces, velar por la calidad de nuestro voto; es decir, de nuestra elección. Debemos preguntarnos, desde ahora, ¿cuánto conocemos de aquello que decidiremos el 2021? ¿Nos interesan las propuestas, los programas, las ideologías, los contenidos de gobierno que se nos ofrezca, o sólo nos conformaremos con el perfil mediático de los personajes que surjan; es decir, si son locuaces, si hablan bien, si son populares o graciosos o nos caen bien como imagen? La decisión estará en nuestras manos. Será responsabilidad nuestra exigir a los políticos, tradicionales o nuevos, que nos digan qué país quieren construir, cómo piensan sacarnos del hoyo, y tener conciencia de qué propuestas nos parecen viables y qué otras no. Y conocer también el pasado de quienes nos pidan nuestro voto en las urnas, para evitarnos malas experiencias al no ejercer el voto informado. Todo dependerá, finalmente, de nosotros.

Juez Supremo