Las enfermedades mentales pueden quitar la vida de forma directa, el ejemplo más obvio es el suicido; para sorpresa de muchos, el suicido es la principal causa de muerte entre los jóvenes en todos los países del mundo, incluidos los más pobres y los más ricos. Nosotros, como sociedad, no solo debemos preocuparnos por la esperanza de vida (cada vez mayor), también debemos hacerlo por la calidad de vida; las enfermedades mentales son una de las principales causas de discapacidad, entre ellas la depresión; este tipo de enfermedades representan un porcentaje considerable dentro del total de enfermedades, siendo muy dañinas para la vida e integridad de las personas; existe una increíble diversidad de enfermedades mentales, mencionaré solo algunas: autismo, discapacidad intelectual, en los primeros años de vida, depresión y ansiedad, abuso de sustancia y psicosis en edad adulta, demencia en la vejez; usted, estimado lector, o una persona de su entorno está afectado por una enfermedad mental.
No existen cifras oficiales o ciertas de este tipo de padecimientos, no se cuenta con una verdadera política de salud mental, la mayoría de las personas afectadas no reciben la atención que podría transformar su vida, existe una gran variedad de intervenciones clínicas, medicamentos, intervenciones psicológicas y sociales que podrían marcar la diferencia; sin embargo, inclusive en las ciudades más importantes del país, la mayoría de las personas afectadas no reciben ninguna de estas intervenciones, en el interior del país y en las zonas rurales, el tratamiento es nulo. Cuando alguien tiene la oportunidad de dialogar o interactuar con una persona afectada por una enfermedad mental, escuchará historias de sufrimiento, vergüenza o discriminación, a veces ocultos o disimulados; lo más terrible son las historias de abusos, incluso contra sus derechos fundamentales. A esta realidad problemática debemos adicionar la escasez de profesionales de la salud mental, psiquiatras y psicólogos, más aún en el Perú profundo; frente a ello, debemos proponer alguna alternativa de solución, siempre pensando en la salud en general de nuestra población.
Ante la ausencia de profesionales de la salud mental, podríamos comprometer a los otros profesionales disponibles en la comunidad, capacitándolos para que brinden atención en esta área; hay algunos ejemplos evocadores: las parteras que asistían el nacimiento de los niños, los boticarios que atienden afecciones no complejas; se podría capacitar a la gente común para atender problemas no complejos de salud mental. Existen evidencias del éxito de esta propuesta en India y algunos países de África, donde ciertos aldeanos, previamente capacitados, han podido brindar psicoterapia contra la depresión, mujeres mayores que visitan a las mujeres y madres deprimidas, logrando la recuperación en gran medida, líderes tribales atendiendo con su consejo a los integrantes de su comunidad con problemas de depresión o ansiedad. Para tener éxito con esta propuesta, se deberá simplificar el mensaje, despojándolo de la jerga médica, se deberá descomponer lo complicado en elementos pequeños que sí pueden ser atendidos localmente, la atención médica debe salir de los complejos hospitalarios y acercarse a los hogares, reasignando a los pocos especialistas para otras tareas como las de capacitación y supervisión.
Mi propuesta, que debe ser una herejía para los profesionales de la salud mental, surge de la necesidad de atención de estos problemas de salud, ante la situación de falta de recursos, humanos sobre todo, en la mayor parte de nuestro país no existen profesionales especializados en salud mental o, donde los hay, el costo es muy elevado; se debe procurar que la atención médica especializada sea más accesible y asequible, así como empoderar a las personas comunes para que tenga más cuidado con su salud y con la salud de los demás, democratizando el conocimiento médico y el poder médico, involucrando a las personas afectadas por enfermedades mentales y sus cuidadores. Las personas con este tipo de enfermedades tienen derecho a recibir la atención que pueda transformar sus vidas y a vivir una vida digna; y, nosotros tenemos la obligación de cuidarlos. ¡Atrevámonos a hacerlo!