La vieja farsa que cotidianamente le embute la izquierda a la masa popular es que su Constitución enriquecerá a los pobres y pauperizará a los millonarios. Lo hace porque se lo permite esa masa gaseosa, escurridiza, blandengue que es el centroderecha del país. Gente acomodaticia -más bien cobardona- insuficientemente preparada para dar cara y rebatirle tanta mentira a la progresía marxista que se ha adueñado del poder en el Perú, sin el voto de la sociedad. Personas sin coraje para encarar a sus opositores con razonamientos claros y actitud decidida. Individuos dedicados a pasar la vida de la mejor manera posible sin realizar el más mínimo esfuerzo por defender lo que es suyo. Ese patrimonio que les ha costado hacer y/o mantener con su trabajo, y/o heredado de sus antepasados que sí trabajaron para conseguirlo y legárselo a sus hijos. Y estos, a su vez, a los suyos. ¡Ojalá lo defiendan y acrecienten, compartiendo rentas con el país mediante impuestos que sirvan para mejorarle la calidad de vida al peruano! Ahí esta la desgracia nacional. Porque la gente más preparada –aquella que tuvo la fortuna de acceder a la mejor educación y formación profesional- generalmente es incapaz de hacer el esfuerzo correspondiente defendiendo su trabajo, sus logros y su bien habido patrimonio, porque sencillamente le lastra una desidia descomunal e impresentable. Esa carencia de mística es consecuencia del escaso sacrificio que han soportado los adinerados, en contraste con la dureza de vida de los menesterosos.

Y esta diferencia hace mucho. Lo vimos en tiempos de Velasco Alvarado cuando el socialismo robó la propiedad privada bajo la farsa de una expropiación no pagada. La clase privilegiada, en vez de defender lo suyo con uñas y dientes, optó por mimar al tirano tornándose de abanderada de quien ostentaba el poder. Esta misma conducta reprobable la hemos visto cuando el ahora imputado por corrupción Humala llegó al poder, porque el pije Vargas Llosa pensó que era fácil de sensualizar mediante el halago y la complacencia. Fundamentalmente a quien fuese su cómplice: Nadine. Últimamente sucedió igual con el corrompido Vizcarra, convertido en deidad para seguir viviendo esta irrealidad que viene desde que Humala fulminase nuestra estabilidad macroeconómica y Kuczynski convalidase sus latrocinios, ejecutando sobrevaluadas obras por US$20,000 millones, como refinería Talara, Gasoducto Sur, Metro Línea2. Toda una década durante la cual los zurdos siguen impulsando su constituyente. ¿El centroderecha? ¡Sigue silente!

El estereotipo del acaudalado peruano ha facilitado la decadencia del país y la de sus propios activos. Peruanos incapaces de enfrentar a la izquierda haciéndole entender al ciudadano que una nueva Constitución NO mejorará a futuro a los pobres. Señores, lo que les toca es defender su patrimonio saliendo a refutar tamaño disparate. La actual Constitución fue exitosa mientras este país fuera administrado por gente coherente. Lo cual, desde hace una década, ya no existe pues nos gobierna una partida de felones, incompetentes y corruptos cuya única meta es El Poder. Jamás el progreso del Perú, al cual continuarán destruyendo. ¡Inclusive, bajo la mejor de las constituciones!