Un sueño de la progresía marxista –los caviares- es controlar el sector Interior. Para empezar, el ministerio y la Dirección Nacional de Inteligencia. Desde allí podrán sacar información necesaria para ajustar cuentas con quienes se opongan a su estrategia de copamiento del Estado, sin haber sido elegidos por la sociedad. Además tendrán en la mano a la Policía. Un viejo anhelo de los caviares, que apuntan a “municipalizar” esta institución como instrumento político para complementar el “plan” dirigido a consolidar su poder absoluto. Es obvio que hoy, accidentalmente, los caviares dominan este país. Manejan la presidencia de la República y conducen todo el aparato estatal sin control alguno. ¿Cómo así? ¡Este Legislativo ni pincha ni corta! Se aboca, exclusivamente, a anegar de populismo al país. En tales circunstancias el presidente de paso Sagasti es la herramienta perfecta para ejecutar esa larga, pervertida aspiración de los caviares: controlar la Policía Nacional y los sistemas de inteligencia del Estado a través de tener en sus manos el Ministerio del Interior. Entonces, desde aquella fortaleza manipular a toda la ciudadanía. El Rasputín del operativo es el tal Gino Costa, pariente del ministro del Interior; ahora subordinado suyo. De paso el tal Costa cuenta con la Fiscalía de la Nación. Esta fue capturada por la progresía marxista desde aquella novela titulada “los cuellos blancos” escrita por los medios corruptos vendidos al gobierno. De manera que la sociedad peruana ya está a merced de esa secta intolerante. Por un lado, la Fiscalía se abocará a ratificar aquello que investigue la Policía Nacional, estando ya ambos organismos bajo el poder de los caviares. Luego la Fiscalía acusará ante un Poder Judicial genuflexo, que mendiga migajas al Ejecutivo para mejorar los míseros sueldos del sector. El tal Costa es un sujeto preparado por la camorra derechohumanista de las ongs para dirigir, desde la sombra, ese ángulo diabólico del régimen. Lo suyo es el azuzamiento, la intriga, la cizaña, la desinformación y todo aquel flete de suciedades que maneja la progresía para destruir a quienes piensen distinto a lo que ellos intenten hacer con el Estado. Estado que, recordarán amables lectores, es propiedad de los 32 millones de peruanos. En este orden de ideas, resulta intolerable lo declarado por el presidente de paso Sagasti: “He decidido instalar una comisión de bases, cuya misión será recomendar acciones en 60 días para modernizar y fortalecer a la Policía.” Oiga, presidente Sagasti. El Congreso lo puso en palacio de gobierno como mandatario de paso. ¡Sólo por ocho meses! Tres de los cuales deberá abocarlos a la transmisión de cargos con el gobierno que lidere el presidente electo en abril 2021. ¡Usted no debe malversar cinco meses de su tiempo en menesteres que no le competen! Porque son responsabilidades del próximo gobierno. Establecer las bases para que el siguiente presidente organice a la Policía como usted quisiera revela una conducta prepotente, antidemocrática y temeraria. ¡No es asunto suyo! Entiéndalo. Por más que ese tal Costa lo presione para dejar atado de manos al futuro mandatario.