Nuestro sistema político, como ocurre en la forma de gobierno presidencial y en armonía con el principio de separación de poderes y de los pesos y contrapesos necesarios entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo, tiene previsto que mientras que todos los miembros del Parlamento surgen de elección popular, en el Gobierno solo resulta elegido por voto directo el presidente de la República y los dos vicepresidentes, que tendrán labor sólo de reemplazo temporal o permanente del primero.

Es así que el presidente de la República está dotado de una gran discrecionalidad o poder de decisión para designar a las personas que han de acompañarlo en la gestión, a nivel nacional, de los servicios públicos. Designa primero al presidente del Consejo de Ministros y a propuesta y en acuerdo con él nombra a los demás ministros.

De ahí deriva también que si el presidente del Consejo de Ministros deja el cargo, se produce la crisis de todo el gabinete ministerial ya que el jefe de Estado deberá nombrar a un nuevo jefe del gabinete y con el designar a los demás ministros.

Vale recordar que constitucionalmente son nulos de pleno de derechos los actos presidenciales que no tengan refrendo ministerial, por tanto todo presidente de la República sabe, debe saber, que la efectividad y corrección de su gestión presidencial depende de él mismo y de la prudencia y sabiduría con que escoja al equipo ministerial.

El Perú tiene 18 ministerios, además de la presidencia del Consejo de Ministros. Es decir, a menos que el presidente del Consejo de Ministros tenga a su cargo un ministerio, lo usual es que la conducción del Poder Ejecutivo recaiga, en el mayor nivel, en 20 personas, solo una de las cuales – el presidente de la República – llega a esa posición por voto popular.
De lo expuesto resulta que si apenas transcurridos 69 días de iniciado el gobierno, ya hubo necesidad de cambiar al presidente del Consejo de Ministros, y antes se cambió al Canciller, ello es exclusiva responsabilidad de Pedro Castillo, llegado con fórceps, cuando no fraude, al más alto cargo público del país.

Si en el primer gabinete hubo, y en el actual hay, ministros con prontuario y clara vinculación con Sendero Luminoso, ello es absoluta e innegable muestra de la voluntad del inquilino precario de Palacio de Gobierno, que sin duda escoge a quienes comparten con él similares cualidades y objetivos.

Si tenemos gabinetes de terror, es porque P. Castillo es también de terror. No cabe ninguna otra explicación.

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