De los siete miembros del Tribunal Constitucional, seis de ellos tienen vencido su mandato con notorio exceso, por lo cual urge que el Congreso de la República elija a sus reemplazantes cuanto antes, pero que lo haga bien, con reglas que nos garanticen tener un Tribunal Constitucional a la altura de sus importantísimas atribuciones.

El Tribunal Constitucional es el órgano de control de la constitucionalidad de las normas, debiendo actuar con autonomía e independencia, siendo de su responsabilidad conocer en instancia única la acción de inconstitucionalidad de normas legales, resolver en última instancia las resoluciones denegatorias de acciones de hábeas corpus, amparo, hábeas data y acción de cumplimiento, así como conocer y decidir sobre los conflictos de competencias o de atribuciones asignadas por la Constitución. Adicionalmente expulsa del sistema jurídico la norma que declara inconstitucional, la cual queda sin efecto.

Por la importancia de sus atribuciones, se encuentra en el escalón más alto de la acción jurisdiccional en nuestro país y, también por ello, se exige a los integrantes del TC los mismos requisitos que para ser juez supremo y dada las relevantes funciones a su cargo, se le otorga la garantía de inmunidad y prerrogativas de los congresistas, habiéndose asignado por la Constitución, al Congreso de la República, la facultad de elegir a los magistrados del TC.

El Congreso ha aprobado un Reglamento para el proceso de selección y elección de los miembros del TC, pero que lamentablemente no garantiza la idoneidad, honorabilidad y decencia acrisolada que deberían tener los magistrados del Tribunal. Ello ha merecido infinidad de críticas, por las que se pone en duda que el Reglamento en cuestión ayude a tener un TC de calidad, no solo en conocimientos jurídicos, sino sobre todo éticamente respetable.

No es un concurso de quién tiene más o menos diplomas, quién ha tenido más o menos responsabilidades públicas, lo que se tiene que saber sobre todo es el raciocinio jurídico de los postulantes a tan altísimo Tribunal, su clara independencia, el carácter suficiente para no dejarse influenciar por los poderosos, sean de la actividad pública o de la privada. Conocer de sus compromisos con el orden constitucional, su civismo comprobado y corroborado, así como también a la defensa del orden constitucional y los Derechos Humanos.

Lo antes expuesto exige más allá que un examen de tipo universitario, que la entrevista personal tenga un peso específico rotundo, que es muchísimo más importante que estar mostrando artículos publicados o diplomas. Es indispensable que en la entrevista se conozca bien a los postulantes, como piensan, cual es su raciocinio jurídico y su compromiso con la ética. Estamos indignados con la corrupción, por lo que es vital verificar el buen comportamiento de quienes pretenden ser magistrados constitucionales.

La Junta Nacional de Justicia ha hecho conocer algunos criterios para la elección de los magistrados del TC, que si bien no tiene el Congreso la obligación de seguir, por lo menos da un derrotero que evitaría la desconfianza que hoy se tiene.